Análisis tematológico de la monografía de Rebeca Martín: “La amenaza del Yo. El doble en el cuento español del siglo XIX.”

Rebeca Martín, La amenaza del Yo. El doble en el cuento español del siglo XIX, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, 2007, pp.11-37 y pp. 85-153.

 

En los siguientes párrafos se analizarán, desde la tematología, los bloques I y III, en La amenaza del Yo. El doble en el cuento español del siglo XIX.

El objeto de estudio que presenta la autora es la figura del doble en los cuentos españoles del siglo XIX. Rebeca Martín sostiene que el doble moderno nace desde principios del siglo, coincidiendo con el género fantástico. Partiendo de esta premisa, se ocupa de construir una tipología, delimitar y analizar el corpus del doble, así como subsanar la escasez de estudios dedicados a la literatura española, en oposición con el interés en las literaturas alemana, francesa, inglesa o norteamericana. Por ello, el primer bloque que corresponde a la introducción bajo el título de “El doble y sus máscaras”, además de presentar una serie de observaciones acerca del origen del Doppelgänger, sus influencias y las razones por las que lo fantástico hoffmaniano tarda en llegar a España y cómo finalmente lo consigue; define al doble como “una presencia que duplica original […] y se caracteriza por su semejanza física y una inquietante conexión psicológica en éste” (14). Completa la descripción, con el conflicto de identidad vinculado a la tensión entre lo moral y social con los instintos del individuo, y causante de los deseos ocultos del original. Pero esto no es todo, Rebeca Martín conecta el motivo –moldeados en los clásicos decimonónicos europeos y norteamericanos, por ello, presentes en las obras de Hoffmann, Poe, Wilde o James- con los códigos de la literatura fantástica. El doble dentro de la literatura fantástica supone la novedad que inserta Rebeca Martín en la bibliografía referida al motivo. De forma que, se constituye de la confrontación de lo real (el original) y lo sobrenatural (su duplico), quebranta las leyes de lo natural por su naturaleza inexplicable.

Además, ofrece una tipología descriptiva de tres ramas: la primera atañe, de categoría morfológica, a la relación entre el original y el doble. Compuesta por tres variantes: pertenece a dos mundos alternos, dos individuos con identidades distintas pero que coexisten en la misma dimensión, y que se contempla así mismo muerto.

La segunda pertenece a una categoría diegética. El doble se manifiesta cuando el protagonista se enfrenta a su réplica, mientras que el original aparece cuando es testigo de un duplicación ajena. En este apartado, Rebeca Martín reflexiona que los desdoblamientos del siglo XIX son por lo general masculinos. Justifica la masculinidad por dos razones: la literatura fantástica está escrita, en su totalidad, por hombres, por otra parte, el doble pone en cuestión la identidad del sujeto, y en el siglo XIX la noción de identidad se concibe en términos masculinos. En cuanto al femenino, está en segundo plano, normalmente entre ángel del hogar y mujer lujuriosa, cuyo objetivo es abocar al hombre a la perdición.

La tercera categoría, de tipo genética. Manifestaciones en el ámbito de la literatura fantástica, pseudofantásticas y reelaboración paródica del doble, el cual también tiene como referentes los fenómenos sobrenaturales.

Como se puede observar, la clasificación del doble no viene determinada por autores, por géneros o por época, sino que depende de su relación, aparición o característica, aunque obligue a excluir la obra de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde por no haber iconicidad física ni duplicación, más bien transformación del doctor Henry Jekylly en Edward Hyde, pero participa de dos aspectos que determina el doble: el cuestionamiento de la identidad y la conexión psicológica. No obstante, soluciona el problema insertándolo en un grupo que titula “en la órbita del doble”. En este apartado analiza obras – como La noche de máscaras, de Antonio Ros de Olano; La sombra, de Galdós; y Miguel-Ángel o el hombre de dos cabezas, de José Fernández Bremón – que, pese a no mostrar un doble propiamente dicho, comparten algunos rasgos distintivos.

En cuanto al tercer bloque, “El doble y lo fantástico moderno”, Rebeca Martín ofrece una lista detallada de las traducciones de los textos extranjeros que pudieron inspirar a los autores españoles que escribieron del doble en su faceta fantástica, así como una explicación minuciosa sobre la escasa aparición del doble en la literatura fantástica española, la cual se asocia a la recepción de los textos foráneos dedicados al motivo y, también, por las preferencias y la formación literaria de los escritores y lectores. Seguidamente, el bloque se divide en cuatro apartados temáticos, en los que se encuentran varios análisis de obras fundamentales del motivo, es en ellos que aplica la tipología del doble, describiendo los parentescos que remiten al patrón estructural común del doble.

En primer lugar, estudia las “Variaciones en torno a la mujer duplicada”, a través del análisis de dos obras. Por una parte, La Madona de Rubens, de Zorrilla, la cual corresponde a la segunda categoría, el personaje es testigo de una duplicación ajena, al mismo tiempo, se bifurca en el tratamiento del desdoblamiento de la mujer amada. Encaja con el protagonista artista torturado, el cual reconoce a su amada en un cuadro pintado, estableciendo una relación inexplicable entre el retrato y la mujer real.

Tal como ocurre en la obra, Eugenio es poeta, el cual está predestinado a enloquecer ante la Madona de Rubens, una vez que identifica la identidad física de la Madona con la mujer del dominó rosa que asistió al carnaval vallisoletano. El efecto sobrenatural está en la identidad del retrato y la mujer a partir de la voz de la mujer misteriosa, el narrador acaba revelando que se trata de una prostituta casada con un hombre al que quiere abandonar por un rico inglés. También cumple con el hecho que el doble  aparece filtrada por una mirada masculina, así como la visión de la mujer es negativa, puesto que el objetivo del desdoblamiento es el de provocar la locura y destrucción del protagonista. Eugenio acaba recluido en un asilo de dementes y muere en pocos meses después.

Por otra parte, analiza El país de un abanico, de Escamilla, como ejemplo de relato español de duplicación femenina en carne propia. En él, extrae tres rasgos sobre el tratamiento del doble: Rosa, es la joven que experimenta la duplicación diabólica, por tanto, un doble femenino; la perdición de la joven viene dado por la obsesión de dos objetos, primero un abanico y luego una lámina, los cuales presentan un paisaje misterioso que Rosa debe descifrar. Y por último, el doble aparece en las últimas líneas del texto, resolviendo el misterio que se desarrolla más allá pero, a su vez, surgen otros enigmas.

Son interesantes las observaciones que ofrece Rebeca Martín en cuanto a los objetos y el espacio narrativo. En cuanto a los objetos, insiste en su poder sobrenatural, capaz de alterar la personalidad de la protagonista, pese a ser elementos cotidianos. Por lo que respecta al lugar, remarca el carácter fantástico si la acción se sitúa en una aldea de las montañas de León, un espacio rural, pues la aparición del abanico en un pueblo alejado es más sorprendente que si se presenta en la gran ciudad.

En “El doble post mortem”, segundo apartado temático del tercer bloque, analiza la visión del doble muerto, en una vertiente fantástica de la mano de Pedro Escamilla, en Muérete y verás. Fantasía; y de Clarín, en Mi entierro. Discurso de un loco.

El protagonista del primer relato, Gil Asverus posee un carácter fantástico, puesto que tiene una cierta reminiscencia a Ashaverus o el Judío Errante, del alemán Christian Friedrich Daniel Schubart, la leyenda del judío que mortificó a Jesús cuando cargaba con la cruz y al cual se le condenó, por ello, vagar eternamente. Podría extrapolarse a Gil Asverus en que estaría obligado de vagar en una especie de limbo, entre la vida y la muerte. El doble post mortem de Gil Asverus se cuestiona su identidad y raya a la locura cuando su doble seduce a la viuda del protagonista.

Desde la tipología que presenta Rebeca Martín, observa que el doble aparece al final, el doble no descifra enigmas, sino que los añade. No hay una interpretación convincente sobre el espectro del protagonista, todo el relato juega con la ambigüedad, siente horror así mismo y trata de escapar de sí mismo, pero aparece en su habitación donde se encontrará con doble y que, absurdamente, le impide huir de su quebrantado yo.

En cuanto a Mi entierro, Agapito Ronzuelos se ve impasible, yacido en su cama. Es una obra que también presenta una interpretación compleja, ya sea por la extra reacción de los personajes como Perico, el cual no identifica a Ronzuelos como su amo, la distorsión del espacio y del tiempo, el cementerio se convierte en un tablero de ajedrez, la indiferencia de los amigos, etc. Martín soluciona el problema interpretando que Clarín se apropia del doble para parodiar la tradición del cuento fantástico, consagrada a finales del siglo XIX. De forma que adscribe el relato en la tercera categoría genética que se ha mencionado más arriba: en la parodia, pues la reelaboración paródica del doble también tiene como referentes los fenómenos sobrenaturales que caracterizan al motivo, pero, en este caso, lo legendario y fantástico (exequias) aparecen distorsionados a través de lo grotesco. Tampoco no se puede dejar de lado el hecho que Clarín se sirve del doble para ejercer la sátira hacia lo público, es decir, el relato también es un cuadro burlesco de la política de la Restauración. De ahí que don Mateo define a Ronzuelos como un “campeón [que] ha caído herido como por el rayo […] en la lucha del progreso contra el oscurantismo” (p.126).

En el tercer apartado, “La perspectiva femenina”, está dedicado al personaje de La Borgoñona, de Emilia Pardo Bazán. La obra no se inscribe en la tipología descrita por Martín, es, por tanto, la excepción a la regla. El motivo que presenta es a la duplicación masculina de un personaje femenino. Sin embargo, no faltan elementos fantásticos, desde la estructura tiene un carácter legendario. El cuento está concebido como la reelaboración de una leyenda hallada en una crónica franciscana, por otra parte, Pardo Bazán indica, en su prólogo a La dama joven, que el asunto procede de los libros consultados en la preparación de su San Francisco de Asís.

En cuanto a elementos sobrenaturales propiamente dichos, Martín señala en el enlace telepático que vincula a la Borgoña con el penitente. Según ella, la protagonista sufre de neurosis por causa de un deseo sexual inconfesable que se reviste de un misticismo con éxtasis erótico.

Otro elemento son las falsas casualidades de la angustia y el lloro de la Borgoña justo cuando, sin saberlo, muere el amado.

En cuanto a la existencia del doble, un estudiante intenta seducir a la protagonista, pero ella queda perpleja cuando ve un parecido sobrenatural con el penitente, joven que anteriormente estaba siendo seducido por ella. Aunque Martín pone en duda esta interpretación, ya que los hechos podrían ser producto de delirio, podría salvarse puesto que la identidad física del penitente y el estudiante viene motivada por el deseo obsesivo de la protagonista, y porque lo sobrenatural reside, también, en la angustiosa oscilación entre lo vivido y lo soñado.

Por otra parte, los rasgos del hombre duplicado no coinciden  con los rasgos que suelen definir al tradicional doble, sobre todo porque es el objeto de deseo de la protagonista. Pese a que la Borgoñona le seduzca el estudiante por su parecido con el penitente, por el contrario, lo que le atraía del estudiante era su desparpajo y su sensualidad. Por ello, aquí el doble actúa como corruptor de la joven.

En la Borgoñona, el original y el doble encarnan dos modos de vida, la entrega a la vida austera del franciscano o la rendición a la carne lujuriosa. Para Marín, el cuanto es un viaje a la decadencia de la joven: la tiranía del padre y la esclava del peregrino-estudiante, esa fatalidad de la misma se va describiendo en medio del género fantástico.

Tal como se ha mencionado, existen obras que no cuentan con todos los requisitos del doble, según la tipología descriptiva de la autora, pero sí poseen algunas cualidades que comparten con algunos de estos rasgos. En el último apartado temático, Rebeca Martín dedica su atención a tres obras, las cuales analizaremos cómo resuelve los relatos para inscribirlos en “la órbita del doble”.

La primera corresponde a  La noche de máscaras. Cuento fantástico, de Antonio Ros de Olano. Martín afilia la obra a la tradición del doble por cuanto la acción transcurre en un espacio de baile de máscaras, esto ya apunta al ser y la apariencia de ser. En cuanto a los personajes, María es la que posee el carácter de doble, por un lado ángel del hogar, por otra criatura demoníaca. La dualidad arquetípica también se manifiesta en el coronel Pozuencos, padre y rial para el protagonista. Por un lado le inspira sentimientos de paternidad y por otro representante del orden oficial y de las convenciones a las que vive ajeno Leoncio, el protagonista. Toda la obra juega a descifrar la verdadera identidad de los individuos, María como pérdida del ideal romántico, Leoncio “el ingenuo que descubre el prosaísmo latente en toda ilusión poética” (140), etc.

En cuanto a la segunda obra, La sombra de Galdós, se establece una relación entre los personajes en diferentes niveles, por ejemplo mitológico, pero en lo que respecta al doble, el personaje principal, el doctor Anselmo, obsesionado por la posibilidad de que su esposa le sea infiel, se da cuenta que París ha desaparecido del cuadro. Después de susurros y sombras, cuando regresa a mirar, la figura de París aparece nuevamente pero con una risa burlona. Más tarde, el doctor encuentra un parecido increíble de París con un amigo de la familia, Alejandro, el cual tiene fama de seductor. Martín señala que la figura de París constituye una proyección del doctor en sí mismo, el poder de la seducción, pero también aquello que rechaza: el adulterio. La sombra de París sería la materialización de ese otro yo que obsesiona al doctor y correlato imaginario de Alejandro. Por otra parte, el carácter fantasioso y obsesivo del doctor Anselmo, así como también el mundo híbrido entre el sueño y la realidad en que vive hacen posible que Martín catalogue la obra en “la órbita del doble”.

La tercera obra, la naturaleza de Miguel-Ánguel de José Fernández Bremón como bicéfalo legitima su gravitación en torno al doble, puesto que presenta la problemática de dos personalidades que conforman una misma entidad. De manera que se trata de un doble interno, el cual se manifiesta en dos cabezas. Dejando esta observación de lado, a mi parecer, Martín no resuelve del todo bien la justificación de la obra en el motivo del doble. No se detiene a mencionar más elementos -quizá no se encuentren, si bien, ha dejado claro que Miguel-Ángel no se puede considerar una criatura fantástica puesto que han existido realmente personas de dos o más cabezas- que relacionen la obra con el objeto de estudio. Empero, sí se detiene a comentar la principal característica, a mi parecer, la construcción alegórica política mediante la figura del bicéfalo. El conflicto político de la España de los setenta, el republicanismo, representado por Miguel, y el carlismo, encarnado en Ángel. Parece que Galdós plantea el regreso de los Borbones a la Corona, por eso que el republicano Miguel, al ahorcar a su hermano carlista, se aniquile a sí mismo.

Comentado cómo se aplica el doble que presenta Rebeca Martín en su tipología descriptiva, observamos que cumple con el objetivo planteado en las primeras páginas de este tercer bloque “estudiar el modo diverso en que se articula el doble en unos y otros relatos” (102).

En conclusión, Rebeca Martin consigue subsanar la escasez de estudios dedicados a la literatura española en torno al doble, construir una tipología, delimitar y analizar las principales obras que representan el Doppelgänger como La Madona de Zorilla, La Borgoñona de Pardo Bazán o La noche de máscaras. Cuento fantástico de Ros de Olano. Ofrece un estudio profundo en torno al motivo de cada una de las obras, señalando los rasgos que los inscriben en su planteamiento del doble, así como las que orbitan alrededor del desdoblamiento o que presentan peculiaridades con respecto a los otros relatos.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s