Recensión sobre el Diccionario de americanismos.

Fernando Lara, Luis (2012): “Diccionario de americanismos”. Panace@, Vol. XIII, 36, pp. 352-355.

Se puede descargar aquí: Diccionario de americanismos. 

 

 

Después de dos años de la publicación del Diccionario de americanismos (2012), Luis Fernando Lara ofrece una reseña crítica en la que pone en tela de juicio varios aspectos sobre el diccionario. Si bien, sus observaciones se pueden clasificar en negativas, positivas y neutras, en su gran mayoría, lo son pesimistas.

Desde las primeras líneas pone en cuestión el sentido de la obra, considerando que el planteamiento que lo sustenta actúa de forma diferencial, ya que el vocabulario considerado el “español general” procede, en su totalidad, del español peninsular, y en su minoría los americanismos, como también los andalucismos, murcianismos, canarismos, etc. No tiene reparo en exponer los motivos por los cuales existe esta aceptación o rechazo léxica, según el autor, es producto del centralismo de Madrid y la ideología del público español en que la “metrópoli” se antepone a la “periferia”, ya sea en la Península como en América. Por tanto, considera que el DA no lleva a cabo un estudio descriptivo profundo de la lengua española. Tampoco cree que las Academias se planteen cambiar de postura ni reconocer la necesidad de estudios que reflejen la realidad lingüística de los países que contienen la lengua española.

Por otra parte, el hecho que se presente como un diccionario no normativo, crea confusión en los hablantes, ya que desde hace mucho tiempo la Academia se venía caracterizando por normativismo. Acusa sin complejo que los datos de los diccionarios de la RAE no derivan de investigaciones amplias y rigurosas, puesto que considera que los vocablos procedentes del acervo madrileño son desfasados, se recolectan desde hace trescientos años; y los otros diccionarios presentan características muy heterogenias en muchos sentidos (extensión, calidad, planteamiento y actualidad).

Otro aspecto negativo, no entiende el concepto de Diccionario usual por el cual se define, ya que se relaciona con la frecuencia de uso del léxico. Hay una contradicción entre el criterio de frecuencia, vocablos manejados en la actualidad, y la inclusión de acepciones obsolescentes. Además, dicha frecuencia se midió a partir de las cifras de hispanohablantes de cada país, por ende, los datos registrados en México, Colombia y Argentina no serán rigurosas, un vocablo que sea de poca o mucha frecuencia estará por encima de la frecuencia de uso de los países restantes. Sin tapujos declara que los autores del DA “no se han dado por enterados la diferencia entre frecuencia y dispersión”, así un vocablo, por ejemplo, puede ser muy usado, mejor disperso; mientras que en otro país puede ser poco usado pero poco disperso. A ello, se añade las isoglosas léxicas, escogidas desde el norte (EE.UU) hasta el sur (Argentina y Chile), Fernando Lara considera que esta elección trae acepciones imprecisas y redundantes, pone como ejemplo el caso de danzón, en la que se le asigna como primer término mexicano y luego cubano, cuando es sabido que nació primero en Cuba y luego pasó a México.

En cuanto a las entradas de vocablos homónimos, sustantivos y adjetivos, se queja de su mala organización, pues no se entiende el criterio de la separación de acepciones, y, como consecuencia, producen muchas dudas. Además, las entradas carecen de ejemplos, dificultando la comprensión de los significados, así como las condiciones semánticas en las cuales se realizan.

Tal como se ha mencionado, Fernando Lara se detiene sin prejuicios a explicar una serie de aspectos que juegan en contra de un diccionario realizado con profundidad y rigurosidad lingüística. Pero, no es hasta casi al final del artículo que el lector se encuentra con el valor que tiene el DA, según el autor, por medio de una comparación con el Diccionario de argentinismos. Tampoco entiende que si se extrae información del DArg no lo haga de forma adecuada, ya que, inserta documentación de registros dialectales y de nivel de lengua pero de forma abreviada. Incluso, llega a declarar que el DA ofrece definiciones tan vaga hasta volverla inútil, con respecto a otras acepciones que se encuentran en el Diccionario de mexicanismos. De forma que, tanto si se compara con el DArg como si se hace con el DM, el Diccionario de americanismos sigue dejando mucho que desear.

Asimismo, aporta varios ejemplos de variedades geográficas llegando a la conclusión que algunas acepciones son más un juego verbal que se encuentra en el mundo hispánico que aceptados socialmente. Por ello, puede llevar a confusión tanto contextual como cultural.

Pero no todos los comentarios son negativos, reconoce que el DA facilita la comprensión de vocablos desconocidos o de difícil entendimiento, así como textos explicativos de los mismos y reúne cerca de 55.000 artículos correspondientes a palabras registradas, tanto de diccionarios históricos de la RAE como diccionarios, generales y nacionales, de americanismos.

Por otra parte, aunque pone en duda la metodología de los datos, admite la gran variedad de datos que aporta el diccionario: derivaciones morfológicas, significados diferentes, locuciones, etc. También encuentra que la estructura favorece una lectura cómoda.

En cuanto a las observaciones neutras, aunque le dedica menos comentarios, simplemente comunica al lector una serie de aspectos que se pueden encontrar en el diccionario; por ejemplo, comenta que el DA ofrece información de la lengua de procedencia de las palabras, verbos citados en infinitivo, indicando su funcionamiento sintáctico, sustantivos y adjetivos presentados en forma masculina, y femenina si la tiene.

En conclusión, la reseña que presenta Fernando de Lara se caracteriza por su subjetividad a lo largo de todo el discurso. Tal como se ha desmembrando cada una de las observaciones, las que más abundan son las negativas. Para el autor, el Diccionario de americanismos necesita una revisión crítica y rigurosa, en cuanto a los datos, metodología empleada, procesos lexicográficos, etc. La actitud altamente crítica no merma, incluso en los pocos aspectos positivos que reconoce, extrae alguna apreciación pesimista.

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