Reseña del estudio crítico de la “Epístola moral a Fabio y otros escritos.”

Fernández de Andrada, Andrés, Epístola moral a Fabio y otros escritos, Edición, prólogo y notas de Dámaso Alonso, dispuestos para la imprenta por Carlos Clavería y con un estudio preliminar de Juan F. Alcina y Francisco Rico, Biblioteca Clásica (Crítica), Vol. 58, Barcelona, 1993, ISSBN 84-7423-582-0

 

Los tercetos de la Epístola Moral a Fabio no siempre fueron atribuidos a Andrés Fernández de Andrada. En su primera publicación por López de Sedano, en el tomo I de su Parnaso Español de 1768,  se editó a nombre de Bartolomé Leonardo de Argensola. La crítica sostiene que de los catorce manuscritos, que se conocen de la Epístola, cinco la atribuye a Andrada (M1, M4, Ch, G y S). Las otras atribuciones se la otorgan a Bartolomé Leonardo de Argensola (M2, M3 y B), Lupercio Leonardo de Argensola (copia fragmentaria contenida en  H) y Francisco de Medrano (nota marginal en M3). No fue hasta 1923, en la edición del libro Poetas de los siglos XVI Y XVII. Selección hecha por P. Blanco Suárez que se le atribuye, entre signos de interrogación, a Andrés Fernández de Andrada. La poca fama del poeta refuerza su autoría y explica las pequeñas variantes de su nombre, ya que era común, ante dudas de autoría, atribuirlas a grandes poetas, sin embargo, este no es el caso. Por lo que se refiere a la fecha de composición de la Epístola, Dámaso Alonso brinda indicios que aseguran una fecha anterior a 1613, y que no explicaré para no extenderme demasiado.

Entrando al análisis de la presente edición, Dámaso Alonso parte de la lectura atenta de los catorce manuscritos: M1, M2, M3, Ch, S, G, M4, M5, P, H, T, C1, C2 y B. De ellos, trece se dividen en dos grupos, uno de siete y otro de seis. El primer grupo, denominado α, compuesto de G, T, M1, M5, C1,  C2 y H[1]; y el segundo grupo, llamado β, lo constituyen Ch, M2, M4, P, M3 y B[2]. Los dos grupos se oponen en catorce variantes. Queda el manuscrito S[3], el cual comparte variantes con α y con β, pero tiende a semejarse más a β, ya que, según el editor, S coincide con β en doce casos y con α solamente en dos casos.

Dámaso Alonso encontró 22 variantes que sirven tanto para definir estos dos grupos, α y β, como para decantarse por uno de ellos, base de la edición que presenta el libro. Veamos algunos ejemplos significativos:

La selección de variantes por razones lingüísticas o por tener más exactitud, lo encontramos en los versos 8-9, del tercer terceto, el grupo α lee “procura, en sus intentos temeroso, / antes estar suspenso que caído”, mientras que β y S escriben “elija en sus intentos temeroso, / primero estar suspenso que caído”. A mi parecer, ofrece una acertada elección y ,además, se encarga de dar los motivos correspondientes desde varios planos lingüísticos, como por ejemplo, desde el punto de vista gramatical: el indispensable subjuntivo “elija” frente al agramatical “procura”; en el ámbito del léxico: “elegir” es mucho más concreto y preciso que “procura”; y también demuestra suma atención al texto al tener en cuenta los versos que siguen: “que el corazón entero y generoso / al caso adverso inclinará la frente / antes que la rodilla al poderoso”, sobre todo este último verso, el 12, ya que el texto tiene una mejor lectura en β y S, “primero…antes que la rodilla al poderoso” que en α “antes …antes que la rodilla al poderoso”.

Otro ejemplo, en el verso 48 el grupo α lee “monte”, en cambio el grupo β lee “bosque”. Cualquier crítico coincidirá con Dámaso Alonso que es preferible “bosque” porque va mejor con la idea literaria del ruiseñor y de su canto, según los versos del terceto: “Más quiere el ruiseñor su pobre nido / de pluma y leves pajas, más sus quejas / en el bosque repuesto y escondido”. Se añaden las evidentes reminiscencias a Garcilaso y Herrera que resuelven las pocas dudas que quedan: Garcilaso: “moradores / de la parte repuesta y escondida” (Elegía, I, 170-171), y poco después, se refiere a los mismos personajes y lugares: “así en el escondido bosque” (v. 175).

Ante los problemas que plantean los versos 148-150, demuestra su habilidad filológica decantándose por unos vocablos más que otros guiándose por la semántica o por la denotación de los mismos. Así, el grupo α lee “flor la vimos ayer, hermosa y pura; / luego, materia acerba y desabrida; / y sabrosa después, dulce y madura”, mientras que β y S leen “flor la vimos primero, hermosa y pura; / luego, materia acerba y desabrida; / y perfecta después, dulce y madura.” Se decanta por la gradación ʿprimero-luego-despuésʾ que muestran los manuscritos del grupo β. No optó por “ayer” ya que existen dos acepciones muy distintas: ʿel día inmediatamente anterior al de hoyʾ y ʿen tiempo pasadoʾ. La lectura que proporciona “primero” hace mucho más precisa la expresión. En cuanto a “sabrosa” en α y “perfecta” en β, prefiere “perfecta” porque “sabrosa” insiste sobre condiciones sensoriales próximas a las de “dulce” y “madura”.

En el verso 182, los manuscritos de β y S leen “alguna cosa? ¡Oh muerte!, ven callada”, mientras que los manuscrito de α se dividen en tres lecturas diferentes: cuatro manuscritos (Ch, M2, B y P) tienen “cosa? ¡Oh dura muerte!, ven callada”, fácilmente descartado porque este verso no se ajusta a los endecasílabos de la Epístola; el manuscrito M4 escribe “cosa? ¡Oh muerte!, ven callada”, el cual tampoco cumple con verso endecasílabo. Notemos que estas dos versiones coinciden en iniciar por la palabra “cosa”. En cuanto a la tercera lectura, el manuscrito M3, del grupo α, lee igual que los manuscritos del grupo β, “alguna cosa? ¡Oh muerte!, ven callada”. Lo que ocurre aquí, según el editor, es el resultado de una corrección del copista. El copista del M3 comenzó el verso por una palabra de cuatro letras que terminaba por “-osa”, la cual es “cosa”, pero tachó esa palabra y escribió “alguna”, por lo tanto, la versión β. Dicho en otras palabras, el copista manejaba un texto de α de la Epístola, empezó escribiendo el verso 182 según α, pero, al instante, eliminó la voz para copiar según β. A mi parecer, Dámaso Alonso presenta una buena explicación y solventa el problema con éxito.

Asimismo, proporciona acertadas enmiendas provocadas por error del copista, las cuales claramente son más preferible las de β que las de α. Son los casos del verso 81 de los manuscritos del grupo β que leen “sin alguna noticia de mi hado”, aunque también se encuentra en Ch, perteneciente al grupo α. Los demás manuscritos de α, también el manuscrito S, leen “sino alguna noticia de mi hado”, esta última lectura queda desechada ya que es totalmente absurda. En algunos manuscritos ya aparece la corrección del copista, como por ejemplo en el M1, el copista escribe “sino”, pero luego tachó la vocal –o y de esta manera queda de acuerdo con el grupo β. Ello demuestra que el copista seguía un modelo que en el verso 81 leía “sino”, a lo mejor también seguía otro modelo que leía “sin”, o tal vez por reflexión hizo la enmienda correcta.

Otro ejemplo de error del copista, se encuentra en los versos 175-177. El grupo α lee “En el plebeyo barro mal tostado, / hubo ya quien bebió tan ambicioso / como en el vaso múrrino preciado;” y en el grupo β lleva “vaso”, en vez de “barro”. Según Dámaso Alonso, esta lectura es fundamental para adivinar qué manuscritos presentan una versión más cercana a la correcta. Parece que los que copian “vaso” están más cerca del original, ya que no es propio de un poeta culto que pueda escribir “barro”. El error quizás provenga por la contraposición ante el contenido de los versos 175-177: “En el plebeyo barro mal tostado… / como en el vaso múrrino preciado”. El error siguió por toda la familia de α, pero, además, pudo seguir aisladamente cuando un copista de β se le vuelve a ocurrir la misma palabra, ello, explica el editor, que el manuscrito C2, que es del grupo β, se encuentra “barro”. Considera que los errores, también, se pueden producir sin transmisión genealógica. En mi opinión, no encuentro otro argumento que explique la aparente contaminación, puesto que no existe otra variante, excepto en los versos 175-177, que tengan en común C2 con algún manuscrito del grupo α.

Expuestos los anteriores testimonios, el estudioso puede comprobar con tranquilidad que, tal como demuestra el editor, se observa claramente que los manuscritos, por una parte, se dividen en dos grandes familias o grupos, α y β, y que, por otra, los manuscritos del grupo β aportan mejores lecturas. De los manuscritos que componen este grupo, el texto más cercano a la edición de Dámaso Alonso es el G, de la Biblioteca de Gor, en Granada.

Sin embargo, no repara en ofrecer contra-ejemplos, en que lo mismo da la lectura de α que β. Se trata de cinco casos de los veintidós que atiende Dámaso Alonso para la afiliación de los testimonios. Citaremos dos como ejemplos de ello: en el verso 31, el grupo α copia “Vente y reposa en el materno seno”, mientras que en β  “Ven y reposa en el materno seno”. Puede ser tanto una como la otra, en este caso, la edición se inclina por la lectura de β. Otro ejemplo de igualdad entre variantes es el verso 187, en β “Así, Fabio, me muestra descubierta” y en α “Así, me enseña descubierta”. Pero en cualquier caso, se observa que no existe ningún ejemplo en que la lectura de α sea mejor que β.

Otro aspecto interesante es que dicha edición se interesa en buscar posibles causas que expliquen la división evidente de manuscritos, por ello, plantea dos hipótesis:

La primera es que α sería el resultado de un estropeo de algunos pasajes de β y, la segunda, que β sería una corrección de α. Las variantes que pueden ser interpretadas como estropeo de β son muy pocas, sus explicaciones son, en mayor medida, a la reminiscencia o anticipación de una voz que está en otro lugar de la Epístola. Los demás casos vienen por la confusión del copista, como en el caso del verso 48, el descuido de un copista escribió “monte” donde β lee “bosque”, que se identifica más con la literatura del ruiseñor.

En cuanto a la segunda, los indicios nos pueden llevar a la hipótesis de un copista más culto y atento. Es el caso del verso 151 “prudencia”, en β, es mucho más exacto que “natura”, en α: la prudencia del hombre es lo que mide, no su naturaleza; o en el verso 162 “sonante”, en β, es mejor que “sonora”, en α, porque “sonoro” es, como dice Covarrubias, “lo que tiene buen son y suena bien a las orejas”, y eso no es lo que quería expresar el poeta. Ante las dos suposiciones, Dámaso Alonso se decanta por esta última hipótesis.

A mi parecer, algunas de las variantes de α podrían ser deterioro del texto que se conserva en β, y algunas de β ser corrección de sus correspondientes en los textos α, como por ejemplo en los manuscritos C1 y C2 en que uno comparte variante con α y el otro con β y viceversa.

En las infinitas posibilidades de entrecruzamientos que brinda la transmisión de textos literarios, la edición añade en el aparato crítico, además de las familias α y β, la afiliación de otros grupos. Uno de estos grupos lo constituyen los manuscritos C1 y C2, agrupándolos en la familia llamada γ. Variantes como el verso 38 es un claro ejemplo de afiliación de ambos manuscritos: “cuando te falte en ella”, también lo es el verso 46 “Más precia el ruiseñor su propio nido”; el verso 52 “Mísero aquel”; el verso 78 “de la vida”; el verso 80 “en lo que”; en el verso 124 “¡Triste de aquel que corre y”; el verso 154 “No imitemos ahora los barones”; y por último el verso 204 “Ven y sabrás al alto fin”. En cuanto a esta última variante, como lectora prefiero “alto” en vez de “grande”, aunque nueve manuscritos coincidan en “grande” y sólo tres en “alto”. Por otra parte, aunque sean variantes coincidentes en los dos manuscritos, ninguna de ellas se ha preferido para esta edición, ya que otros manuscritos ofrecen una mejor lectura.

Hasta aquí se ha visto que los manuscritos del grupo γ coinciden en testimonios, no obstante, no son idénticos. La edición también presenta al lector las divergencias entre ellos, como por ejemplo el verso 41, “del Letheo” C1, también en S, y “del Lejeo” en C2. En ambos casos la lectura es diferente pero también errónea. En los otros manuscritos escriben “del Egeo”. Ello se explica en el hecho que probablemente en la lectura de C1 se originó el error al intentar subsanar el error del copista de C2. Lo mismo ocurre en el verso 54, “augur de los semblantes del privado” mss. “Argos de los semblantes del privado” C1, y “Agul de los semblantes del privado” C2. Este último manuscrito leyó mal y C1 trató de interpretar de un modo más razonable el error de C2. Aquí “augur” en el terceto “Triste de aquel que vive destinado / a esa antigua colonia de los vicios, / augur de los semblantes del privado” expresa que el cortesano está siempre pensando qué cara pone el valido, si está contento o disgustado. Además se incorporan al grupo de β, ya que también hay coincidencias con algunos de los manuscritos de este grupo, como es el caso del verso 104, “y el cerco donde el sol” M5, C1, y “y el cebo donde el sol” C2. Aunque observamos una afiliación de C1 con uno de los manuscritos que conforman la familia de β, notamos que tanto en una variante como en la otra, en C2, son erróneas. La primera no se ajusta al endecasílabo y la segunda es claramente una mala lectura que el copista no entendió. Dicho esto, la edición se decanta por la interpretación de que, respecto a C2,  los manuscritos C1 y C2, C1 son copia de amanuense inteligente sobre un texto muy depurado. Tienen variantes comunes, de ahí que sea γ, sin embargo comparten algunos ejemplos con β.

En cuanto al manuscrito S, es el testimonio que comparte más variantes con β y solo tres con α. El manuscrito sevillano es el que más datos precisos nos ha transmitido sobre el autor de la Epístola y sobre el autor. Además, se compone de variantes exclusivas, como por ejemplo en el verso 111, en Ch “de esplendores y de rayos coronada”, “de esplendor y de rayos coronada”, en todos los mss.;  y “de esplendor y de luces” en S. También el ejemplo del vero 200, “las opuestas acciones” en todos los mss. y “las contrarias acciones” en S. Con estas variantes, la edición deduce que el copista de S manejó varios testimonios y que era una persona que conocía muy bien el endecasílabo.

Por otra parte, existe otro subgrupo denominado δ. Compuesto por los manuscritos de Ch, M2 y B, pertenecientes al grupo α. Son pocas las divergencias que se encuentran en estos tres manuscritos, en cambio las variantes comunes, son, por ejemplo, las de los versos 25-26 “Peculio es propio es ya de la primavera / cuanto de Astrea fue, cuando regía”, claramente una mala lectura; en el verso 29 “del inicuo, procede, y pasa al bueno”, todos los demás manuscritos, a excepción de M1, tiene una buena copia “precede”; el verso 60 los manuscritos de δ comparten “ni aun quizás de”, el cual no respeta el endecasílabo; los versos 72 “¿Será que de este sueño no recuerde?; el verso 73 “Pueda ser que me desvío” y el verso 201 “ de más nobles objetos ayudas” son todos ejemplos de variantes que coinciden en el grupo de δ.

En cuanto a la ortografía que presenta esta edición es moderna. En los casos que la grafía puede ser una pista para la afiliación de las variantes de otros, se respeta la grafía del manuscrito, de forma que reproduce exactamente como aparece en el testimonio.

Con respecto a la puntuación también es moderna. No aparecen muchos problemas de puntuación, y los pocos que hay se resuelven con mucha facilidad. Como por ejemplo el verso 93, M1 y M5 leen “vivimos?”, mientras que los manuscritos restantes leen “vivimos!”. Está claro que el error se encuentra en M1 y M5, dado que la oración exclamativa comienza en el verso 92, la cual comparten todos los manuscritos.

Por otro lado, de acuerdo con las pautas que sigue la colección de Biblioteca clásica, las anotaciones se distribuyen en notas al pie de página, con una explicación breve de la palabra que sirven de alusión al problema, y notas complementarias, que sirven para ampliar con más información y detalle. A mi parecer, el reparto de la información entre la nota al pie y la complementaria es del todo correcto, ayuda al lector curioso entender mejor el pasaje y los vocablos. Asimismo, los problemas que se detallan y que, además, aparecen con las variantes textuales son indicados con un circulo volado [°] al final de la nota a pie de página. En ellas también se encuentran indicaciones, entre paréntesis cuadrados, por ejemplo [Véase el Estudio preliminar, pp. XIX-XX], que remiten a la introducción de Juan F. Alcina y Francisco Rico. Además de unos cuadraditos volados [▫] que se entienden como aviso de que en el aparato crítico del verso señalado se encontrarán más indicaciones textuales al respecto.

En resumen, La epístola moral a Fabio no es una obra que plantee grandes problemas textuales, por ello, se encuentran explicaciones profundas de aquellas variantes más oscuras, como en los versos 148-150 en los que verdaderamente demuestra la habilidad filológica del editor, decantándose por unos vocablos más que otros guiándose por la semántica o por la denotación de los mismos. De igual manera, proporciona acertadas enmiendas provocadas por diversas razones: error del copista, motivos lingüísticos o de más exactitud, etc. Partiendo de los errores y estableciendo las relaciones entre los manuscritos, la presente edición ofrece una división muy clara de los manuscritos en dos grupos, la α compuesta por los manuscritos M4, P, M3, Ch-M2, y B; y la β constituida por los manuscritos  G, T, M1, M5, H, C1-C2. Entre ambos grupos está el manuscrito S, que coincide en su mayoría con β pero que comparte con α. Además, la edición añade a su aparato crítico la afiliación de dos subgrupos, el grupo γ, formado por C1-C2; y el grupo δ, correspondientes a los  manuscritos Ch-M2 K. Atendiendo a sus divergencias y similitudes.

Asimismo, es interesante remarcar que, en la edición, se interesa por indagar en los posibles motivos que explican el motivo por el cual se debe esta doble división, aparentemente evidente, aportando dos hipótesis al lector atendido o curioso. Y, una vez expuestos varios ejemplos, el editor se decanta en considerar que β es el resultado de la corrección de α.  A mi parecer, existen otras posibilidades como el hecho de que algunas de las variantes de α podrían ser deterioro del texto que se conserva en β; o que en algunas de β ser corrección en los textos de α. Ante las diversas hipótesis que se pueden manejar, lo único seguro y, que subraya la edición, es que el texto β es mejor que el α. De entre los manuscritos que conforman el grupo β, el más cercano a esta edición es el G, de la Biblioteca de Gor, en Granada.


[1] G. Designo por G la copia de la Epístola en el manuscrito 88 que estaba en la Biblioteca del duque de Gor, en Granada. Por compra, ha pasado a la de don Bartolomé March, donde es el número de registro 6636; y su signatura, 20/5/9. Encuadernado por Brugalla, mide 34, 7 x 22, 5 cm. Hay en él muchas piezas y diferentes manos, algunas del siglo CVIII. Foliado modernamente a lápiz, el texto de la Epístola ocupa los folios 131—133.
T. Biblioteca Pública de Toledo, ms. 521, fols. 86-69 v. Letra del siglo XVII.
M1. Biblioteca Nacional, 2883, pp. 289-394. Letra del siglo XVII. Es un tomo de poesías de los Argensola y otros.
M5. Biblioteca Nacional, manuscrito 19705, núm. II. (Es una caja de piezas sueltas, entre las cuales la Epístola tiene el número II.) La copia está en un cuadernillo de cuatro hojas, folio, con cubiertas de pergamino. Letra del siglo XVII.
C1 y C2. Estos dos textos de la Epístola están en un mismo manuscrito de la Universidad de Cambridge, el Add. 7946. 
H. 
Biblioteca de la Real Academia de la Historia, 12-6-6 (Colección Salazar, N. 3), fol. 273. Letra del siglo XVII. Es una copia que alcanza sólo hasta el verso 85 de la Epístola.

[2] Ch. Biblioteca que fue de Sir Thomas Phillipps, en Cheltenham, Gloucestershire, Inglaterra. En esta biblioteca el manuscrito que llamamos Ch llevaba el número 2494. La biblioteca fue vendida a los hermanos Robinson, de Londres. El día 28 de junio de 1976 fue subastada por el Estado español y se encuentra ahora en la Biblioteca Nacional, donde tiene la signatura ms. 22029.
M2. Biblioteca Nacional, 3797, fols. 137-141. Letra del siglo XVII. Obras de los Argensola y otros.
M4. Biblioteca Nacional, manuscrito 17719. Fue copiado en Madrid, en 1623, por “Hector Mendez de Britto” y en muchas de sus planas abundan los portuguesismos.
P. Biblioteca Palaio, cartapcio de Pedro de Lemos. Mediados del siglo XVI, descrito por Menéndez Pidal. Era el ms. 2-B-10. La signatura actual es ms. II-1577.
M3. Biblioteca Nacional, 4141, pp. 211-217. Letra del siglo XVII. Obras de los Argensola y otros.
B. Biblioteca de Bartolomé March, con número de registro 8178 y signatura 23/4/8. La Epístolaa Moral tiene el “A un Amigo pretendiente” y ocupa las páginas 384-393. Es wun tomo de 1630 con obras de Bartolomé Leandro de Argensola.

[3] S. Biblioteca Colombina, de Sevilla, número 237.

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