La locura cristiana en tres obras de Chrétien de Troyes

1.    Introducción

La presente entrada consistirá en extraer y analizar los elementos que remiten a la locura religiosa de los romans de Chrétien de Troyes. Para ello, se escogerán tres obras del autor: El cuento del Grial, El caballero del león y El caballero de la carreta.
El loco religioso ha formado parte de la historia cristiana, y por ende, se ha visto reflejado en la literatura. Si bien la sociedad medieval se fundamenta en el dogma cristiano-católico, es plausible la idea que, aunque se trate de obras profanas, contengan algunos vestigios religiosos. No es extraña la correlación entre lo sacro y lo profano, la interferencia entre estos dos mundos siempre ha sido muy estrecha. Por eso, se observará cómo los personajes y los elementos que presentan la locura, pueden interpretarse en clave religiosa.

2.    La locura cristiana en Chrétien de Troyes

Antes de comenzar el estudio, es necesario plantear: ¿qué se entiende por locura cristiana? La iglesia aceptaba la idea de una locura sagrada, constituida en la “locura de la cruz”, en “el escándalo del cristo crucificado”, es decir, el creyente que por causa de su fe en Dios pasa por ser loco ante los ojos del mundo debido a su incomprensión, según el texto de San Pablo sobre la locura de la Cruz que ofrece la epístola de los Corintios [1], cuestión que ha llevado a Beato Jacopone de Todi, poeta italiano de la Edad Media, a responder, así, a Dios, ya que éste le preguntaba por qué se había hecho loco a los ojos del mundo: Quia stultior me fuisti, “porque Vos habéis sido más loco que yo”[2]. Por otro lado, ¿cómo se manifiesta el creyente loco por cristo? Según Roy Porter declara que

se manifiesta en las revelaciones exóticas de los santos y de los modelos místicos, los santos inocentes, los profetas, los ascetas y los visionarios podían, también, ser poseídos por una “locura buena” (Breve  historia de la locura, pp. 27-28)

En la Edad Media, el loco por cristo era, no sólo aquel que poseía una profunda devoción por el creador, sino aquél que, además, tenía una pasión por la Pasión del Salvador, es decir, padecer en carne, físicamente, las penas de Cristo. Se trata de imitar la Pasión de Cristo, por medio de padecimientos interiores y exteriores, con el objetivo de identificarse más con el Maestro. Por lo tanto, la locura cristiana reside en un amor llevado a in extremis, cuando más se adentra en el corazón de los misterios dolorosos, tanto más el amor compasivo se apodera de la persona y la hace partícipe de los padecimientos y de los méritos del divino crucificado. Otra consideración de esta locura es como una enfermedad del alma, la cual es curable con ritos y penitencias religiosas. Muchos son los ejemplos que encarnan este perfil religioso, en la Edad Media, San Bernardo y San Francisco de Asís son los dos grandes nombres en torno a los cuales gravita el tema que tratamos. Su éxito radica en la santidad y luego en la riqueza del alma. Sin embargo, ¿qué relación se establece entre el loco cristiano con los personajes de las obras del champañés? Existen varios elementos que lo relacionan: la falta de cordura, la melancolía, actitudes y motivos que se pueden mirar bajo la lupa de lo sacro, incluso en el hecho de ser caballeros. No se puede olvidar que la caballería está muy ligada al mundo religioso. La caballería es el resultado, entre otras herencias, de la influencia eclesial que proyectó en ella. Cuando el cristianismo es acogido por las principales potencias de la Edad Media, surgirá una caballería sacra que se justificará con la miles cristi de San Pablo. Caballeros armados defenderán el cristianismo imperante, los monasterios e iglesias, y atacarán a los infieles. La misma ética de un buen caballero, también reside en ser un buen cristiano. Los códigos éticos y morales comportan, también, la práctica de la benevolencia, caridad o misericordia; como por ejemplo, el caballero debe ayudar a la doncella que solicite su socorro, ayudar a los pobres, etc. Asimismo, a la caballería se le atribuirán valores cristianos, como por ejemplo la espada, símbolo de la cruz por su forma. Por lo tanto, se espiritualizará el orden caballeresco, en esta sacralización entra la relación del loco cristiano con los personajes que se presentarán a continuación.

2.1.    La locura cristiana en El cuento del Grial o Perceval

El pasaje de Perceval y de las gotas de sangre sobre la nieve describe a un personaje invadido por la melancolía, una enfermedad que lo deja abstraído durante toda la mañana. Se trata, pues, de un personaje que pierde el juicio durante unas horas contemplando las gotas de sangre que ve holladas en la nieve. La sangre proviene de un ganso [3] atacado por un halcón, el cuál no consigue matarlo, pero sí derribarlo:

vio volar una bandada de gansos […] que iban huyendo de un halcón veloz que los perseguía con rapidez, hasta que alcanzó a uno separado, alejado de los demás; lo ataca y lo golpea derribándolo al suelo, pero era demasiado tarde y el halcón se marchó, sin agarrarlo ni cogerlo. […] el ganso estaba herido en el cuello, y derramó tres gotas de sangre que se extendieron sobre el blanco, y parecía color natural. […] Se apoyó en la lanza para contemplar aquella visión. (El cuento del Grial o Perceval, p.148-149)

Los elementos que se describen en este episodio: la nieve, la sangre y el halcón son símbolos que proyectan el mundo interior de Perceval. En primer lugar, la nieve blanquecina viene a representar la pureza que puede remitir tanto a la Dama viuda, su madre, como a Blancaflor, su amada, por su tez blanca, según el ideal de belleza. La sangre alude a las mejillas enrojecidas de Blancaflor, la valentía del personaje en las diversas aventuras o al deseo contenido hacia su amada. La imagen del halcón simboliza la impotencia de tres situaciones: la primera de un amor no consumado entre Blancaflor y Perceval; el abandono de la Dama viuda por parte de Perceval y el pecado cometido con su silencio en el castillo del Grial [4], consecuencia de haber causado la muerte de su madre. Se trata de la impotencia de la condición del hombre imperfecto y de la incapacidad de realizar una obra perfecta. Semejante a los sentimientos de culpabilidad del hombre pecador y de su condición limitada e finita que constituyen a un loco cristiano. En este sentido conecta con lo cristiano pero, también, con la mística, ya que Perceval pasa de la visión a la comprensión y de ahí a la contemplación, es decir, a partir de la imagen de la gotas de sangre en la nieve, por medio de relaciones, comprende que está contemplando su amor de lejos: Blancaflor; su madre, la Dama viuda, o su condición de hombre imperfecto y pecador, porque Perceval va más allá del amor natural. Perceval representa la vida del nuevo caballero cristiano que ama a lo divino reconduciendo el amor del hombre al Creador. Su silencio en el castillo del Rey Pescador le costó el verdadero sentido del Grial, que era símbolo y metáfora del propio Jesús entre los hombres, según los continuadores de la obra. El camino hacia el Grial no era simplemente para librar al Rey Pescador y su tierra de la desgracia, sino que será el camino de Perceval hacia la salvación y redención tras abandonar a su madre. Y la culminación última era, para Perceval, la visión de lo que hay dentro del vaso, es decir, la visión de Cristo hecho carne: la Transubstanciación.

Otro elemento que presenta el loco es la característica de bufón[5] pero también que posee las artes adivinatorias, como es el caso del bufón de la corte del rey Arturo, que vaticina que Perceval sería el que “en caballería tenga todo el poder”. Pero su predicción no se queda en estas palabras, cuando el escudero Yonet regresa a la corte con la copa y explica la primera victoria de Perceval, el loco añade otro suceso más peligroso, por lo que se refiere a Keu:

Os prometo en este momento que Keu puede estar seguro de que en mala hora vio sus pies y sus manos y su lengua loca y villana, pues antes de que pase una semana el caballero habrá vengado el golpe que me dio con el pie, y la bofetada que le dio a la doncella, […] pues entre el codo y la axila le romperá el brazo derecho; medio año lo llevará colgado del cuello, ¡que lo lleve bien! Sólo esquivará a la muere. (El Cuento de Grial o Perceval, p.81)

Este vaticinio se cumple mientras Perceval sigue ensimismado, Keu se acerca gritando con tono de amenaza, entonces

Perceval al oírse amenazar gira la cabeza de su caballo, lo pica con las espuelas de acero, y no va lento. […] Perceval no se entretiene, lo alcanza por encima de la bocla, lo derriba sobre una piedra que le disloca la clavícula, y, como si fuera una astilla seca, le rompió el hueso del brazo derecho entre el codo y la axila, tal como advirtió el loco que muchas veces lo había adivinado. (El Cuento de Grial o Perceval, p.152)

En comparación con la locura cristiana, las artes adivinatorias también son un elemento que lo caracteriza. Un ejemplo de ello lo encontramos en San Juan y su revelación de los últimos tiempo junto con la venida de Cristo, en el libro del Apocalipsis. Añadiendo que la sabiduría dada por Dios a la humanidad es locura para el mundo, en tanto que no puede entenderlas, es difícil su comprensión o es poco probable que llegue a suceder. Como es el caso del loco del rey Arturo, al que Keu no creía que Perceval llega a cometer contra él -posiblemente por su falta de experiencia y rudeza, actitud que ve por última vez en Perceval- o que llegaría a ser el perfecto caballero cristiano. En cuanto a esta última característica, tras contemplar su estado interior en las gotas de sangre sobre la nieve, pasado cinco años, se confiesa ante el ermitaño, el cual le la gracia de Dios, y así recibe la primera comunión el día de Pascua, es absuelto de sus pecados y se transforma al ideal de perfecto caballero cristiano [6]. En este momento el proceso de purificación espiritual llega a su clímax, coincidiendo con la fecha de Resurrección. Sin duda, el pasaje del loco melancólico absorto en la contemplación de las gotas de sangre en la nieve es un momento crucial para el proceso de aprendizaje y maduración del perfecto caballero. Así como es en la locura cristiana, en tanto que el cristiano madura espiritualmente en la contemplación de la divinidad.

2.2.    La locura cristiana en El caballero del León

El caballero del león presenta una escena extraordinaria del prototipo de loco: Yvain concierta con Laudine, su amada, un año de separación para irse junto con Gauvain hacia torneos. Pero, sin darse cuenta sobrepasa el plazo estipulado para volver a su vida matrimonial[7]. En la corte del rey Arturo, Yvain recibe la visita de la mensajera de Laudine, quien le trae desprecios y reproches de su mujer. Sin amor, se olvida de sí mismo, pierde la razón y se refugia en el bosque: “Mi señor Yvain anduvo errante hasta alejarse de las tiendas y de los pabellones. […] Hacía ya tiempo que vivía en el bosque como un hombre salvaje y loco”[8]. El bosque es el lugar donde desatará su locura. Además de contrastar con la corte del rey Arturo, lugar donde acaba de salir Yvain y que representa la civilización, entrar en el bosque, es entrar en el mundo de la aventura, de lo inhóspito y lo peligroso. Además, el bosque es el equivalente al desierto en Oriente, un lugar privado de las comodidades, todo en él se consigue con esfuerzo porque es un lugar primitivo, salvaje. En esta misma línea, recuerda al desierto espiritual, en clave mística, el alma se aleja de todo y se purga privándose de los apetitos de la carne. Asimismo ocurre con el loco cristiano, la persona se aparta para vivir en él la Pasión de Cristo, tal como apuntamos antes. Retomando el personaje de Yvain, al alejarse de la vida cortesana y adentrarse al bosque se convierte en un cazador:

Mientras, él va huyendo rápidamente hasta encontrar al lado de un cercado a un muchacho que llevaba un arco y cinco flechas emplumadas muy anchas y cortantes. Tuvo el juicio suficiente para acercarse al muchacho y arrebatarle el pequeño arco y las flechas que llevaba en la mano. No se acordaba de haber hecho antes otra cosa. Acecha a las bestias en el bosque, las mata y se come la caza completamente cruda. (El caballero del león, p.79)

Otro elemento de su locura se encuentra en las armas que coge de las manos de un muchacho. El arco y las flechas no son armas propias de un caballero, normalmente las poseen los villanos, esto indica que ha perdido la razón.  Por otra parte, alimentarse de comida cruda, también forma parte de los síntomas de un loco. Y, más adelante, el texto relata que un ermitaño[9] lo encuentra desnudo, y que “por caridad, tomó pan y agua y agua clara y los sacó a la parte exterior de su casa por una estrecha ventana”, una vez comido, Yvain “pensó que nunca había probado ninguno tan duro y áspero”. Notamos que Yvain se despoja de dos hábitos: el del cuerpo, la ropa,  y el espiritual, la memoria. Esto último conecta con la mística, en que el alma debe purgar la memoria entendida como potencia del alma, para limpiarla de los apegos sensitivos que provienen del cuerpo, es decir, perder el gusto por el apetito de las cosas. En el caso de Yvain pierde el recuerdo por las cosas. Lo mismo le ocurre a Perceval, en el cuento del Grial, “había perdido la memoria de tal forma que no se acordaba ya de Dios.” Pero es la desnudez de Yvain que el ermitaño lo identifica como un loco. El desvestimiento no es más que el desprendimiento de todo lo material y, por ende, la pobreza. Tanto la desnudez como la pobreza son elementos que caracterizan a un loco. En el caso de Francisco de Asís, que fue conocido como il poverello d’Assisi [10], hijo de un rico comerciante que renunció a todo lo que tenía para entregar su vida a los pobres y a Dios. Sin embargo, no estaba de acuerdo Pedro Bernardone, su padre. Ante la autoridad eclesial, Francisco de Asís se desnuda y entrega sus ropas a Pedro Bernardone. Desde ese momento declara que su verdadero y único padre es Dios. Francisco de Asís comenzó a vivir en la más miserable pobreza, cuidando de los leprosos y participando con ellos en la mendicidad. En este estado de pobreza y desnudez se encuentra Yvain, características que se asocian a un loco.

Por otra parte, observamos que se trata de una “desculturación” progresiva del personaje, alejarse del espacio civilizado que representa la corte, despojo de su ropa, en su alimentación, elementos que además se pueden interpretar en clave del loco religioso. Notemos que, además, los alimentos que le proporciona el ermitaño son pan y agua. Los alimentos más básicos y esenciales en la Edad Media. Sin embargo, tanto el pan como el agua son elementos que hacen referencia a Jesús. Son varios los pasajes en que el pan y el agua son utilizados como metáfora del propio Mesías, entre ellos, el “pan” de la última cena como símbolo de su cuerpo y el “agua espiritual” en la parábola de la samaritana como símbolo de vida, la vida que Jesús brinda. Por lo tanto, en la figura del loco religioso, la figura divina es esencial para su sustento, así como lo es para Yvain.

Otro personaje que le será de gran ayuda es el león, aunque la significación de este animal va mucho más allá, ya que formará parte de la identificación del mismo personaje. La tradición simbólica y literaria que en la Edad Media se une al león son virtudes como la nobleza, la fuerza o la generosidad, además, esta imagen aparece en textos exegéticos y místicos como alegoría de Cristo. Por otra parte, se opone a la figura de la serpiente que encarna todos los malos vicios. La lucha entre ambos animales simboliza el combate entre la virtud cristiana y el vicio satánico. Aunque no parece haber indicio de ningún didactismo religioso en la obra del caballero del león, sigue habiendo, con la figura del león, parte de ese mundo salvaje que configura la figura del desequilibrado. Pero, volviendo a la locura, Yvain es un loco que recupera la razón, un ungüento le extrae del cerebro “la rabia y la melancolía”, aunque más adelante se menciona que “fue una tontería utilizarlo” dejando claro que fue obra divina. Al recobrar el juicio y verse desnudo se avergonzó mucho, episodio que recuerda a Adán y Eva que, tras comer el fruto prohibido, se avergüenzan de su desnudez.

2.3.    La locura cristiana en El caballero de la carreta

Pese a que la figura de Lanzarote sea uno de los prototipos medievales del “amour courtois”, su práctica del “culto a la dama” y su perfil del perfecto amante hace que se mueva en un plano más terrenal, no místico, al contrario que Perceval o la relación loco-cristiano que se estableció anteriormente con Yvain [11]. Sin embargo, se puede asociar el elemento de la carreta como un acto de locura semejante al seguimiento del cristiano hacia Jesús. Veamos que, en el caballero de la carreta, Lanzarote debe seguir a pie, tras ser desmontado en una emboscada por los esbirros de Meleagante. Encuentra una carreta conducida por un enano, Lanzarote le pregunta si ha visto pasar a la reina, pero éste le responde que debe subir a la carreta [12] si desea saber la respuesta. Quien se subía a la carreta se cubría de deshonra. De manera que el protagonista se debate entre Reisons y Amors. Triunfa el amor y por tanto pasa a ser el Caballero de la Carreta por amor a su dama, con el fin de encontrarla y rescatarla. Como se ha mencionado más arriba, el subir a la carreta es símbolo de locura e insensatez para Lanzarote.

Asimismo se puede relacionar con el loco cristiano en que la razón molesta al corazón y al pensamiento con diversas objeciones por el modo tan “extraño” de relacionarse con el mundo. Pero el corazón insta a subirse a la “carreta”, es decir, tanto la carreta como el seguimiento de Jesús son una locura.

Por una parte, la locura de la carreta, como diría Gauvain, y por otra, la locura de la Cruz, como diría San Pablo. Es una locura de amor y de servicio, tanto para Lanzarote que opta por subirse a la carreta por amor como en el caso del cristiano, el amor hacia el Creador. Por tanto, la locura presenta dos caras: una que representa “lo más bajo”, en el sentido de vergüenza, infamia, y la otra de “lo más elevado” que es la expresión de amor y sacrificio.

3.    Conclusión

Tras analizar los tres romans de Chrétien de Troyes, se considera que los elementos que remiten a la locura religiosa son los siguientes:

En primer lugar la melancolía como la enfermedad del loco, como por ejemplo Perceval en el episodio que permanece ensimismado durante toda la mañana contemplando las gotas de sangre holladas en la nieve. La contemplación de Perceval es, entre otras interpretaciones y relacionándolo con lo religioso, la impotencia de la condición del hombre imperfecto. Además conecta con la mística, puesto que pasa de la visión a la comprensión y de ahí a la contemplación, es decir, a partir de la imagen de las gotas de sangre en la nieve, comprende que está contemplando su condición de hombre imperfecto y pecador.

En segundo lugar, el loco que, además, posee artes adivinatorias. El bufón de la corte del rey Arturo que vaticina una serie de acontecimientos con respecto a Perceval y Keu, y relacionado con la locura cristiana, lo encontramos en San Juan y su revelación en el libro del Apocalipsis. Añadiendo que la sabiduría dada por Dios a la humanidad es locura para el mundo, en tanto que no puede entenderlas, es difícil su comprensión o es poco probable que llegue a suceder, del mismo modo como veía Keu las profecías del bufón de la corte del rey Arturo.

En tercer lugar, las actitudes y mondus vivendi  que comparten el loco y  loco religioso, como por ejemplo, en Yvain, el bosque es el equivalente al desierto en Oriente, un lugar privado de las comodidades, todo en él se consigue con esfuerzo porque es un lugar primitivo, salvaje. En esta misma línea, recuerda al desierto espiritual, en clave mística, el alma se aleja de todo y se purga privándose de los apetitos de la carne. Asimismo ocurre con el loco cristiano, la persona se aparta para vivir en él la Pasión de Cristo. Asimismo, la desnudez y la pobreza son otros de  los elementos que caracterizan a un loco. El desvestimiento comprendido como el desprendimiento de todo lo material y, por ende, la pobreza, como por ejemplo el caso de Francisco de Asís, que fue conocido como il poverello d’Assisi. También puede sumarse la figura del león, de la misma manera que formará parte de la identificación del personaje de Yvain, puesto que encarna las virtudes de nobleza, fuerza o generosidad; así lo será para el loco religioso la figura del “león” como alegoría de la figura de Cristo.

Finalmente, la interpretación de la locura en sí, como por ejemplo la asociación de la carreta de Lanzarote como un acto de locura semejante a ser seguidor de Cristo, es decir, la locura de la carreta, como diría Gauvain y la locura de la Cruz, como diría San Pablo. Se trata, pues, de una locura de amor y de servicio en ambos casos. Amor y servicio que comparten tanto la figura del loco como la del loco religioso.

[1]Corintios, I, 21-25

[2]Plus, Raúl,  La locura de la cruz, (versión del francés por el Dr. D. Sanz Emilio), librería religiosa, Barcelona, 1961, p. 7

[3]Según la traducción de Martín de Riquer, ob. cit. p.148

[4]En el castillo del Rey Pescador, Perceval observa una joven que sujeta una lanza cuya punta sangra, una doncella de gran hermosura que lleva en sus manos un grial, seguida de otra con un plato de plata. Perceval no se atreve a preguntar por qué sangra la lanza y a quién se sirve con el grial, para no parecer insolente. Más tarde, descubrirá que su silencio es consecuencia de dejar a su madre muerta y no socorrerla. Los continuadores del roman declararon que se trata del vaso utilizado por Jesús en la última cena. Vaso que José de Arimatea recoge la sangre de Jesús, una vez bajado en la cruz, por lo tanto, se convierte en un símbolo cristiano. En cuanto a la lanza, Martí de Riquer explica:

No puede caber ni la más pequeña sombra de duda de que todo lector medieval identificaba la lanza que pasa ante Perceval con la sagrada lanza de Longinos. Si Chrétien hubiese pretendido que esta lanza fuera distinta de la de Longinos. Se hubiera cuidado bien presentarla con otros términos para evitar una obvia confusión. […] Perceval no puede identificar porque ya ha procurado él que la formación cristiana del muchacho sea tan rudimentaria que no está en condiciones de saber qué lanza es aquella de cuya punta fluye la sangre que llega hasta la mano de quien la empuña. Toda reliquia de la Pasión pudiera haberse contaminado con cualquier leyenda exótica o pagana está en contra de la más elemental comprensión de la mentalidad francesa del siglo XII. (Miscelánea filológica dedicada a Mons, p.234)

Y en cuanto a la portadora del Grial explica:

está inspirada en las representaciones de la Iglesia personificada, representaciones iconográficas que, a su vez, explicaban el nexo entre una mujer joven que lleva un vaso sagrado y la lanza de Longinos. (Miscelánea filológica dedicada a Mons, p. 269)

[5] Véase Gugielmi, Nilda, Marginidad en la Edad Media, EUDEBA, Buenos Aires, 1986, pp.152-165

[6] Se halla muy cerca de aquel ideal de caballero que San Bernardo proponía a los templarios en su tratado De laude navae militiae, escrito entre 1128 y 1136; y no olvidemos que la orden del Temple fue aprobada en el concilio que se abrió el 13 de enero de 1128 precisamente en Troyes, la patria de nuestro novelista. Hay que dar toda la importancia que tienen cada una de las palabras de Gornemant de Goort al armar caballero a Perceval:

Et dit qye donee li a

La plus haute ordre avuec l’esperee

Que Deus et feite et comandee :

C’est l’ordre de chevalerie,

qui doit estre sanz vilenie… [1634-1638]

Extraído de Riquer, M de, “Interpretación cristiana de “li contes del Graal”, Miscelánea filológica dedicada a Mons, A. Griega, Instituto Internacional de Cultura Románica, Barcelona, tom.2, 1960, pp. 222-223

[7] Laudine declara:

Os concedo licencia para un tiempo determinado; pero os aseguro que el amor que os tengo se convertirá en odio si sobrepasáis el plazo que os daré. Sabed que mantendré mi palabra, si mentís yo diré la verdad. Si queréis conservar mi amor y me queréis más que a nadie pensad en volver dentro de un año por lo menos, ocho días, después de San Juan, hoy mismo es la octava. Si aquel día no estáis conmigo, mi amor os dará  jaque mate. (El caballero del león, p.76-75)

Tampoco es casual que su locura se sitúe en los días de San Juan coincidiendo con la fiesta de Pentecostés, la cual suele celebrarse durante los días de verano. El calor forma parte de su falta de cordura. Yvain tiene un desequilibrio de los humores por los meses de calor, no sabe controlarlos y por eso cae en una crisis. La fiesta de Pentecostés en la Edad Media era todo un acontecimiento que se recordaba, con solemnidad, la trinidad, y se recitaban, en las iglesias, los textos de la liturgia romana prolongándose durante la octava de Pentecostés.

[8] Riquer, M de, El caballero del León, Madrid, Alianza, 1988, p.78

[9] “il appartient à un ordre intermédiaire entre les ordres constitués de la société et l’univers barbarie” en Le Goff y Vidal-Naquet, Lévi-strauss en Brocéliande, p.591

[10] “el pobrecillo de Asís”, en italiano. (1181-1226)

[11] “no creo admisible negar a Chrétien de Troyes la facultad de trasladar a sus romans personificaciones y alegorías de tipo cristiano” Declara Martín de Riquer, ob. cit.  p. 271

[12] “era en aquellas épocas una especie de picota en movimiento” según el prólogo ob. cit.


Bibliografía consultada

 

Crespi, Enric, Personajes y temas del Graal, Península, Barcelona, 2002

Cuenca, Luis Alberto de; García Gual, Carlos, Chrétien de Troyes, El caballero de la carreta, Labor S. A., Barcelona, 1984

Gugielmi, Nilda, Marginidad en la Edad Media, EUDEBA, Buenos Aires, 1986

Plus, Raúl,  La locura de la cruz, (versión del francés por el Dr. D. Sanz Emilio), librería religiosa, Barcelona, 1961

Porter, Roy, “La locura cristiana”, Breve historia de la locura, Turner, Madrid, 2002

Resina, Juan Ramón, La búsqueda del Grial, Anthropos, Barcelona, 1988

Riquer, Martín de, “Interpretación cristiana de “li contes del Graal”, Miscelánea filológica dedicada a Mons, A. Griega, Instituto Internacional de Cultura Románica, Barcelona, tom.2, 1960, pp. 209-283

Riquer, Martín de, Chrétien de Troyes, El cuento del Grial, Alianza, Madrid, 1999

Riquer, Martín de, El caballero del León, Madrid, Alianza, 1988

Riquer, Martín de, El cuento del Grial de Chrétien de Troyes y sus continuaciones, Siruela, Madrid, 19989

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