Reseña “Pensée médiévale en Occident, Théologie, magie et autres textes des XIIe-XIIIe siècles” de Marie-Thérèse d’Alverny

El libro de Marie-Thérèse d’Alverny selecciona un conjunto de artículos publicados por Valoriorum, ofreciendo al lector un abanico de interesantes aportaciones medievales que giran en torno a la teología de Alain de Lille, Humbertus de Balsema, Pierre de Roissy; y otros escritos como un texto sobre el significado simbólico de las diversas partes de la iglesia y su arquitectura; la figura de Bernard Itier, el bibliotecario del monasterio francés de St. Martial de Limoges; un manuscrito del mismo monasterio que revela prácticas nada religiosas; y muchos más testimonios medievales que se exponen a lo largo de la obra.

En cuanto a la estructura del libro, se articula en cuatro partes bien diferenciadas: la primera parte constituye el primer artículo, el cual aborda, a modo de introducción y de forma general, la edición de textos medievales mediante la reflexiona acerca del editor, copista y escriba:

La tarea del editor de textos medievales, sobre todo a partir de las obras del siglo XII, época en la cual comienza una producción abundante y variada, consiste en examinar, primero, los testimonios más cercanos que dispone de la obra e intentar saber de dónde provienen. El trabajo de un buen editor debe de ser lo más cercana posible al original. De ahí su dificultad, pues, debe esforzarse en trazar un arquetipo[1] y establecer un esquema de la tradición manuscrita, o ,como se ha mencionado, localizar el testigo más cercano de la fuente, es decir, el autor o el traductor, cuestión que no siempre es posible, y que la mayoría de veces se encuentra de manera fortuita. El editor debe prestar atención al estudio histórico de las circunstancias y de las condiciones de composición de la obra, dos aspectos importantes de la investigación que van unidos directamente. Por ejemplo, con relación a nuestro teólogo, Alain de Lille, mediante el estudio de la tradición manuscrita de la Ars praedicandi y de las Regulae theologicae de Alain de Lille, el autor de este capítulo, constató que estas dos obras habían sido compuestas en dos etapas diferentes, hecho que corroboran su revisión de la construcción interna. Para acabar, el editor no puede conformarse con un trabajo mecánico de identificar variantes de los manuscritos y clasificarlos; si bien, debe ser consciente de la naturaleza de las variaciones y distinguir de aquellos que tienen significado propio y demostrar la etapa importante dentro de la constitución del texto.

Por lo que se refiere al escriba de la Alta Edad Media, es quién ejecuta la copia en un escriptorium monástico, podían ser hombres o mujeres (no se puede olvidar el trabajo de las monjas, investigadores como B. Bischoff han tratado este tema). Generalmente, sus obras eran previamente revisadas y corregidas por el jefe del scriptorium.

A partir del siglo XII, y sobre todo en el siglo XIII, fue un momento donde las copias de los libros son producidas abundantemente por y para los estudiantes universitarios, realizados por profesionales o por los mismos estudiantes, por ende,  la situación cambia y se torna compleja y las dificultades se multiplican. Por ello es necesario que el editor tenga experiencia de la codicología y saber las costumbres de las diferentes categorías de los escribas.

En cuanto al trabajo del copista, no siempre reproduce fielmente los textos, los motivos pueden ser diversos, lo interesante es que muchas veces es necesario tomar un segundo ejemplar para corregir y completar una copia defectuosa –para ello, el autor, a modo de ejemplo, alude a las instrucciones que ofrece Casiodoro en las Instituciones, las correcciones que se han de aportar a un texto aparentemente corrompido, tanto para los textos sagrados como para los autores clásicos que leían la correspondencia de Lope de Ferrière-. Otras veces, se considera una buena copia cuando en realidad son ensayos de ediciones críticas conformes a los recursos y gustos de sus mecenas, en lugar de ser una imagen fiel del original, “no contaminado”. Seguidamente destacaremos dos tipos de copistas: el clérigo y el estudiante. El primero, normalmente copia y corrige el ejemplar, aunque a veces, el tema que trata no es de su agrado y por ello dedica poco tiempo o interés, hecho que se refleja en los detalles del mismo: cambia los términos, la caligrafía no se comprende, no atiende a la medida de la letra, incluso a veces, la palabra del original es totalmente diferente a la que copia. Por ello, el investigador, ha aprendido a desconfiar de los buenos manuscritos caligrafiados y muy elaborados. El segundo, el estudiante que se gana la vida copiando, como por ejemplo el que copia los textos de Aristóteles o de otros maestros contemporáneos, se sabe que no eran analfabetos, no obstante, como pagan en función de su trabajo, se apresura en cumplir con su tarea, y el resultado se ve afectado. Por otro lado, la dificultad de la tradición manuscrita de una obra no está en el número de copias sino de la existencia de diferentes redacciones o de diferentes comentarios, los cuales corresponden a diversos periodos de enseñanza del autor o de diversas versiones del texto o de las reportationes. Dicho esto, el autor del primer capítulo presenta diversos problemas que surgieron en torno a las diferentes ediciones y las traducciones greco-latinas y arabo-latinas.

A continuación, el libro inicia una segunda parte que comprende los capítulos II-VI dedicado a Alain de Lille, en los cuales trata su teología, los problemas de atribución de su obra; y cierra con un análisis de las ideas del teólogo sobre el islam a partir de Contra pagano. De este modo, en el capítulo dos, el lector se topa con la figura de Alain de Lille, poeta y teólogo, importante por sus enseñanzas de la segunda mitad del siglo XII. Alain completó el programa de las sietes Artes liberales –el trivium y quadrivium-, profundizó especialmente en la retórica y su principal guía filosófica es la de Boécio. Su teología se basa en la idea de que la razón, movida por la prudencia, puede descubrir las verdades físicas, pero para descubrir las verdades divinas debe guiarse por la fe. El cierre de este capítulo se realiza con la exposición de una de sus grandes obras, Anticlaudianis, fechada hacia 1182-1184. Es un tratado moral en forma alegórica donde el protagonista es la naturaleza. El mismo autor indica que su obra debe ser leída en tres niveles: por placer, en un sentido moral, y desde la inteligencia para encontrar el sentido alegórico. El tratado utiliza un procedimiento matemático-deductivo, inspirado en Boecio en su Liber de Hebdomadibus. Además, se menciona un estudio de nuestro teólogo  sobre las criaturas espirituales, los ángeles y las almas humanas. En el prefacio establece tres categorías: “primo anuncio creatorem” (Dios); en segundo lugar “anuncio criatura creationem” (hombre y ángeles); y en tercer lugar “ad eius recreationem” (encarnación y la iglesia).

El protagonista del tercer capítulo es un sermón pesimista de Alain que comienza así: Homo natus de muliere, breui viuens tempore repletur multis miseriis. Dicha predicación aparece en siete manuscritos. Dos de ellos indican a Alain como autor: el manuscrito 219 de la biblioteca municipal de Dijon y el manuscrito 195 de la biblioteca municipal de Toulouse. El primero proviene de la Abadía de Cîteaux, donde fue escrito aproximadamente en el 1214; y el segundo del monasterio de San Andrés de Villeneuve-lès-Avignon, Transcrito en la segunda mitad del siglo XIII. El maestro reflexiona acerca de la miseria del hombre desde su concepción vil y culpable al nacer. El sermón contiene, además de alusiones bíblicas, reminiscencias de la historia natural de Plinio para mostrar la debilidad e impotencia del recién nacido que comienza su vida con llanto. Seguidamente enumera las peores desgracias que le esperan en la existencia fugaz de una muerte inminente. De fondo, el discurso se impregna del génesis capítulo tres: la entrada del pecado al mundo, escena enmarcada en el paraíso de Adán y Eva, quienes instauraron el cuerpo corruptible a la humanidad. No obstante, el hombre caído puede recuperar su dignidad si acepta la constante invitación de Dios a su vida. Toda una adaptación audaz del “Vita breuis, ars longa…”. La predicación acaba con la visión de los dolores de la muerte acompañada de la amenaza del infierno. Un elemento del mismo es la gran habilidad de encontrar voces divinas con acentos virgilianos en su sermón. Alain parece recurrir sutilmente a ítems de la Eneida fácilmente reconocibles. Ello nos indica que las alusiones a Virgilio no era una cuestión anormal para un teólogo del siglo XII. Este hecho llama mucho la atención. De ahí el artículo que presenta el capítulo cuatro: “Variations sur un thème de Virgile dans un sermón d’Alain de Lille”. Parece ser que era común utilizar la sabiduría de escritores clásicos para fortalecer un argumento, especialmente cuando se trataba de un tema moral. Posiblemente, dice el autor del artículo, Alain, un maestro familiarizado con la enseñanza de la retórica para captar la atención de la audiencia, ofrece alusiones a dos sabios paganos: Virgilio y Pitágoras. Se sabe que para Alain y sus contemporáneos (Huges de San-Victor, Sann Agustín, Isodoro de Sevilla, etc.) Pitágoras era considerado como el iniciador de la filosofía, su discurso se centra en la búsqueda de la sabiduría, por lo tanto, es venerado como modelo del perfecto filósofo, el cual une el conocimiento “teórico” a la virtud que indica el camino simbólico de su letra “Y”, su invención grafemática lleva a los teólogos a equiparla con la cruz, de hecho, esta analogía indicaba que el matemático era digno para la santa doctrina. De ahí que lo incorpora con eficacia al sermón “Facilis descensus Auerni…” para explicar a los clérigos los misterios de la naturaleza humana, dotada de libre albedrío para la creación; el hombre habiendo tomando el camino equivocado en el jardín del edén y caer en el averno del pecado y de la miseria; pero por gracia, salvo y redimido por el nuevo Adán, el cual nos trae como una oveja perdida al redil. Los últimos párrafos parecen ser añadidos fuera de tiempo. En ellos hay una especie de reanudación sobre el tema de la ignorantia, aplicado al relato evangélico de los pelegrinos de Emaús, al cual se suma una epifanía en la evocación del peregrinaje de los Magos en busca del niño mesías. Esta reanudación indica que el autor ha preparado el sermón para los últimos días de semana santa o para el día de Pascua. El discurso se encuentra en dos manuscritos, ambos trascritos en el sur de Francia, uno de la primera mitad del siglo XIII, proviene de los Dominicanos de Toulouse, actualmente se conserva en la Biblioteca municipal de Toulouse 195; y un segundo, en el manuscrito Latino de la Biblioteca Vaticana 10807, transcrito aproximadamente en el 1200.

El capítulo cinco gira en torno a los problemas de atribución de obras a Alain, ya que los investigadores se han dado cuenta que muchos puntos de su bibliografía así como la lista de obras se presentan un tanto oscuras. Desde entonces, varias asignaciones han sido sugeridas o incluso afirmadas, por eso se presenta un recorrido por diversos ejemplares, en los cuales aporta interesantes reflexiones, mencionamos algunos de ellos:

Entre las obras que recientemente han enriquecido la lista de textos de Alain, el más importante es el de P.Glorieux en un manuscrito conservado en Londres, Brit.Mus.Royal 9 E.XII: “la Somme Quoniam homines…” son una serie de escritos teológicos inacabados.  Un sermón para la fiesta de la Asunción: “Ars Catholicae fidei”, sin embargo lo atribuye a Nicolas d’Aimens. Propone, sin insistir demasiado, a la cuenta de Alain la compilación conocida del “Moralium dogma philosophorum.”Incluso sugirió que el teólogo podría ser un monje del Bec ya que se conserva una colección de 17 cartas escritas entre 1130-1150, que podrían corresponder al período de juventud de Alain, ya que su actividad literaria y teológica se manifiesta solamente en la segunda mitad del siglo XII. Sin embargo, el autor de este capítulo no cree que sea una buena atribución, puesto que ni el estilo ni la época coinciden. Existen documentos del 1200 (contra paganos, entre otros) que confirman que por estas fechas era considerado “magister” y no un monje. Según el autor del artículo, las cartas no conciernen a Alain, sino a la correspondencia de los monjes de Bec con los Clunistas.

Son muchos los investigadores que se atreven con este copioso trabajo. De manera que, para finalizar, citaremos a P. Haring, el cual plantea una atribución a Alain de Lille dos poemas cortos “teológicos” descubiertos en el Britsh Library, Stowe 37, dentro de De planctu Nature, transcritos alrededor  del 1200, de la mano de un escribano más tardío. El primer folio 35-36v es una exposición del original sobre la naturaleza del mundo, muy didáctico pero mediocre desde el punto de vista literario. El segundo folio 36v no es mejor, desde el mismo punto de vista. Son prosas litúrgicas que comienzan con una paráfrasis de Juan 1, 17.

La lista de obra de Alain no se puede cerrar, hay mucho por descubrir todavía. Recordemos que Alain tuvo alumnos, que ha sido imitado o hasta plagiado por M.P. Ganz en un fragmento que comenta a Ovidio, el manuscrito es de Oxfor Bodl. 807, escrito en Inglaterra hacia el 1200. La influencia de Alain es evidente; el discípulo desconocido reproduce tanto las fórmulas típicas como algunas de las ‘autoridades’ más o menos fantásticas del estimado maestro, tal y como lo lleva a cabo Hermes Trismegiste; incluso realizó una “defloratio” a partir de un sermón de Alain sobre el tema “Faciles descensus Averni”. La dependencia es estrecha en cuanto al pensamiento y estilo; y hasta podíamos preguntarnos si el fragmento no presenta algunas notas del mismo Alain, aunque tuviera el aspecto de una compilación inconclusa y heteróclita de las sentencias de nuestro maestro.

El cierre de esta segunda parte finaliza con el capítulo seis. Contra paganos es la cuarta y última parte de un gran tratado apologético Quadripartita editio magistri Alani contra heréticos, Valdenses, Iudeos et paganos, el cual es dedicado al conde de Montpellier, Guillermo VIII (1152-1202). El tratado no tiene fecha, pero la presencia del maestro Alain en Montpellier al final del siglo XII es confirmada por un documento: una acta conservada en el cartulario de Maguelonne, fechada en el mes de julio de 1200, transacción entre el preboste de Maguelonne y los Templarios, vista por el obispo de Maguelonne, Guillermo de Flei, y varios testigos, entre los cuales el monje Gaucelm, maestro Gui y Petrus Almeracii, estos dos últimos calificados de ‘causidici’.[2]

Alain, fiel al espíritu de la teología de su tiempo, cree firmemente que la fe puede y debe ser defendida por la razón, esta es la premisa con la cual está construida toda su apologética. A partir de aquí, pretende demostrar, en Contra paganos, que las doctrinas y las afirmaciones de sus oponentes son contradictorias o absurdas. El libro nada más comienza, citando a la autoridad máxima: la santa escritura, tampoco tiene miedo de alegar a las autoridades filosóficas, es más, se apoya en declaraciones paganas ya que las autoridades “razonales” pueden ser totalmente válidas. La obra está compuesta por cuatro partes: una primera, la más extensa y desarrollada, va dirigida a los cátaros, el primer peligro en la región donde enseña. Una segunda que dedica cinco capítulos a los valdenses; la tercera compuesta por veintiún capítulos sobre los judíos. Los argumentos contra el judaísmo fueron inspirados por la “Disputatio Iudei cum Christiano” escrito por Gilbert Crispín, abad de Westminster, de un siglo antes. La última parte, muy corta, escrita por el mismo método: expone su opinión de los ‘pagani’ apoyándose en ‘las autoridades’ y los refuta con ‘razones’ dirigiéndose “a los discípulos de Mohamed”. En cuanto a los argumentos contra el islam, se centra principalmente en la exégesis de los textos escriturales, una declaración de la doctrina católica, las posibles interpretaciones del término “spiritus” ligado a las teorías médicas (hecho que marca un enlace de Alian con la escuela de medicina) y la cristología. Además, trata temas propios de la religión musulmana como el paraíso, la poligamia y tipos de alimentos. Finalmente expone su defensa en no caer en la idolatría de imágenes y adoración de ellas; y de matrimonios de yugo desigual en que uno de ellos no es cristiano. Contra paganos es un tratado que se puede extraer con exactitud los límites y la descripción de las creencias y costumbres religiosas de occidente.

La tercera parte de este fabuloso libro comprende los capítulos VII-XI. Cada capítulo es dedicado a un teólogo diferente. Cada uno de ellos presentan una peculiaridad dentro de la teología, ya sean fragmentos del proceso herético de los Amauricie; un sermón profético que rodea el nacimiento de Cristo; un texto sobre el significado simbólico de las partes de la iglesia y su mobiliario; un sermón de Humbert de Balesma; un informe detallado de los trabajos de los astrónomos árabes traducidos al latín; y el último artículo de este grupo es un estudio sobre cómo veían los teólogos y filósofos de la edad media a las mujeres.

Tal como se ha mencionado, el capítulo siete se centra en los discípulos del teólogo y filósofo Amaury de Bene, los Amauriciens, defensor y difusor de un movimiento religioso próximo al panteísmo. La existencia de una secta señalada por un profesor parisino originario de la diócesis de Chartres, lleva a cabo la muerte del maestro Amaury de Bene en los primeros años del siglo XIII. Ello se constata en el certificado del decreto de su condenación por Pierre de Corbeil, arzobispo de Sens, por textos de diversa naturaleza y valor innegable. El decreto de 1210, y el Concilio IV de Letran, confirmado por Robert de Courson, en 1215, prohíben la doctrina del impío Amaury. No obstante, no se le puede tratar de “fundador”, puesto que los documentos contemporáneos especifican que murió cuando sus discípulos comenzaron a propagar la doctrina herética. A lo largo de todo el capítulo, el lector puede conocer diversos fragmentos que dejan constancia que se trata de una herejía, al mismo tiempo, estos fragmentos plasman, paulatinamente,  el proceso de los Amauriciens. A continuación citamos algunos de ellos: “Contra Amaurianos” publicado por CL. Baeumker basado en un manuscrito único de Clairvaux, actualmente Nº 1301 en la biblioteca de la ciudad de Troyes; el decreto de Robert de Courson, en 1215,  el cual emplea un término ambiguo, que prohíbe “leer” libros que contienen la doctrina Amaury; Guillaume de Breton es el único que arroja luz sobre el carácter y personalidad del maestro parisino en Gesta Philippi Augusti[3]; por último, el manuscrito latino 2702 de la Biblioteca Nacional de París, folios 129-130 se encuentra dos adiciones cuya escritura es de principios del siglo XIIII. La primera reproduce una versión del padre nuestro utilizada por los Amauriciens en lengua vulgar, una de sus partes está borrada, también aparecen los nombres de los culpados por el Decreto de Pierre de Corbeil; y el segundo texto es una interrogación de un grupo de clérigos acusados de ser herejes, especialmente interesante porque trae detalles concretos del juicio; demuestra que la deliberación del Consejo Reunión provincial presidido por el arzobispo de Sens fue precedida, además comprueba la existencia de dicha secta, bien localizada, nacida de algunos teólogos de enseñanzas parisinas y que comparten rasgos comunes con varias sectas contemporáneas.

El capítulo ocho está dedicado a Achard de Sant Victor, nacido alrededor de 1100, fallecido en 1171, es un ex abad de San Victor en París, más tarde se convirtió en obispo de Avranches desde 1161 a 1171. Fue un gran discípulo de Sant Anselmo. Su vida se ha redactado en el siglo XVII, de manera que los textos son poco fiables. La mayor parte de su existencia se encuentra a la sombra. Hay mucha información contradictoria de sus orígenes lo que nos lleva a diversos hipótesis, el autor de este artículo se decanta por un origen inglés de Northumberland y canónico del priorato de Bridlington, fundada por Walter de Gant en 1113, tal como se encuentra en Relationum historicarum de rebus anglicis de Joannis Potsei, T. I. 1619, 227.

Este artículo se divide, a su vez, en subapartados: “pequeñas cuestiones teológicas” (simplemente cita dos obras: De discretione animae, spiritus et mentis y De trinitate); “cuestiones de pecado”, citas por el mismo Achard en De discretione animae” (su obra más difícil y oscura de comprender. Trata en torno a la trinidad y la encarnación mediante una demostración racional, es decir, aplica la razón para profundizar las verdades de la fe, método inspirado por Anselm. Parece que Monologion fue el modelo literario de De Trinitate. La audacia de su pensamiento y la dificultad de su estilo mantuvo viva esta obra durante años)y “conclusión. Lugar de Achard dentro de la historia doctrinal” (Achard y su doctrina trinitaria se sitúa en la transición de la teología de San Alselmo y Ricardo de San Victor, tal como P. Rakesh ha demostrado.)

El capítulo nueve es un tanto peculiar, puesto que se inicia con una anécdota del “magister Humbertus de Balesma”, en el Adviento del año del Señor, hacia 1192 o 1193, en París, delante de un auditorio de maestros y estudiantes, recita un sermón sobre la profecía de Isaías. El orador no tarda mucho en exhortar a los oyentes para que estén preparados para la segunda venida de Cristo. Balesma comienza a descifrar las predicciones de las señales de los últimos tiempos mientas impresiona al auditorio. Después, el artículo abre, sin previo aviso, un apartado bajo el título de “Platon, el profeta de Cristo.” Aquí describe que en el tiempo de Teodosio, encuentran una inscripción en letras de oro que decía: “yo, Platón, creo en Cristo que había de venir, que nació de una Virgen.” Posiblemente era una leyenda, no obstante en el segunda mitad del siglo XIII, dicha profecía era ya muy difundida. Cabe mencionar que este testimonio se aferraban los padres de la iglesia para utilizar las ideas de Platón como “autoridades”, para ellos, Platón poseía un conocimiento previo de las verdades cristianas. Olga Weijers examinó un manuscrito del British Library 306 Burney, datado alrededor de 1250, atribuido al maestro inglés William Wheatley, psuedo-Boethius que contenía glosas y comentarios sobre una leyenda parecida a la de Platón. A continuación, comienza una segunda sección “Albumasar profeta de Cristo.” El libro IV de la Introductorium moius in astronomiam de Abû Maʿshar de Balkh, traducido por Juan de Sevilla en 1133, fue un matemáticoastrónomo y astrólogo persa, que describió los signos del zodiaco y desarrolló el sistema solar. Su gran conocimiento lo llevó a tener una visión de una virgen alimentando a un niño acompañada de unos versos de la profecía de Ezequiel. La Virgen simbolizaría la iglesia, por lo tanto se creía que se inauguraba la era cristiana. Su propagación fue muy rápida en todo occidente. En esta sección se ofrece dos fragmentos de dos manuscritos diferentes de la Biblioteca Nacional LAT. 14704, el siglo XIII y Lat. 16204, de siglo XIII.

El capítulo diez presenta la preocupación de Pierre de Roissy por encontrar cualquier  paralelismo, o más bien ‘tipos’ en el antiguo testamento con el modelo y contenido que presenta la iglesia medieval. En el artículo se menciona todo un listado de obras en las que Pierre de Roissy realiza esta comparación, por ejemplo en inipit manuale magistri Petri encellarii Crenotensis de misteriis Eclesie per anni circulum, en el cual se realiza un análisis de la significación espiritual y moral del lugar sagrado. El manuscrito se data aproximadamente hacia los primeros años del siglo  XIII. En su primera parte incluye una descripción de la iglesia y su mobiliario, luego de la ceremonia de inauguración, seguido de una lista de lugares que rodean la iglesia: atrio y cementerio, “Ministros de la iglesia”, casa del obispo y el hospicio. La segunda parte está dedicada a las órdenes sagradas y una tercera al oficio divino y el año litúrgico.

La tercera parte del libro Pensée médiévale en Occident finaliza con el capítulo once. En él trata sobre cómo veían los teólogos y filósofos a las mujeres. El artículo se inicia con un recorrido por las citas bíblicas que se basan los padres de la iglesia y los teólogos medievales para apoyar su visión sobre la figura de la mujer. Unos y otros comparten o discuten sobre este tema, pero todos comporten las mismas fuentes: segundo y tercer capítulo del Génesis (la disputa si la mujer es imagen y/o semejante a Dios tal como lo es el hombre; ¿quién de ellos es el más culpable?); la carta a los Corintios (un orden de jerarquía: el hombre cabeza de la mujer); las cartas de Tito y Timoteo (una serie de recomendaciones en cuanto al cuidado y la vestimenta de las mujeres: apropiadamente y sin exceso lujo; y el papel que deben desempeñar las viudas y las ancianas cristianas: educar a los jóvenes en la práctica de las virtudes.) De los padres de la iglesia más citados a lo largo de la edad media, Ambrosio y San Agustín, citaré solo el primero, ya que no difieren mucho uno del otro. Para él, la mujer fue hecha para y por la propagación de la humanidad. La diferencia con respecto al hombre es que los hombres tienen la inteligencia (mens), mientras que las mujeres tienen la sensibilidad (sensus), en todo caso marca constantemente la superioridad de los hombres. Pero al mismo tiempo, indica la Unión estrecha entre los dos, la inteligencia y sensibilidad, son indispensable el uno para con el otro. La mujer en sí mismo es un adiulorium bonum para el hombre, aunque un ser inferior adiulorium.” Seguidamente, el autor del artículo expone un exhaustivo análisis de una serie de teólogos de cómo consideraban a las mujeres (Hagues de Saint-Victor y Pierre Lombard, Robert de MelunGilbert de Poiters, Alain de Lille y Simon de Tournai, Robert de Liège o Robert de Deutz, una de las mujeres más notables del siglo XII es Hildegarda de Bingen, etc.). En cuanto a los filósofos, por un lado, tenemos a los naturalistas que se basan en las escuelas de medicina, particularmente Salermo. Ellos establecen el temperamento frío y húmedo a la mujer, esto es una comparación “física”, también los hay que hacen una comparación de origen aristotélico, la mujer viene a ser una materia pasiva. Por otro lado, los filósofos moralista han dejado más textos, empero no son a favor de la mujer, Adversus Ivinianum de San Jerónimo, Hugues de Fouilloydice, el cual declara que la mujer es un obstáculo hacia el paraíso, Roger de Caen en su poema De contemptum Mundi es mucho más violento: “¡Oh dulce mal, que destruye, insidiosamente el espíritu y la fuerza del hombre con su adulación!”, o Pierre le Peintre describió la “ferocidad” de las mujeres peor que bestias salvajes: según el modelo de San Jerónimo, Peintre enumera las víctimas dentro de la biblia: Sansón, David, Salomón, Nabot, José, etc.

La cuarta parte del libro ocupa los capítulos XII-XV. Son artículos que dejan un buen sabor de boca a cualquier lector, su título: “magia y otros textos”, tratan sobre dos formas de magias: con una varita mágica y con un cuchillo de mango de marfil, ambos en el manuscrito del monasterio de San Martial de Limoges; un bibliotecario del siglo XIII, Bernard Itier, quien tenía la costumbre de apuntar diversos comentarios reveladores de su monasterio. El mismo proporciona una buena ilustración de las características de la escritura de su época y su evolución. Y por último, se revelará una sátira contra Inocencio III que hasta entonces había permanecido oculta.

De agridultura atribuido a Marcus Porcius Catón el Viejo encontró una receta sorprendente utilizando una varita mágica para curar las fracturas o las luxaciones. Este es el tema del capítulo doce. Transcrito en el manuscrito 475 del fondo Sloane, en el British Museum, f. 112 esta parte del manuscrito fue transmitida a principios del siglo XII por un escriba insular. La caña partida simboliza el miembro fracturado. Ella sirve como férula, o por lo menos ayuda a inmovilizar el miembro, el conjuro se debía repetir cada día, de este modo animaba la moral de los inválidos y, a lo mejor, practicaban la paciencia. Si se compara ésta última con el manuscrito de la edición de Loeb clasical Library, f. 84 del manuscrito latino 585, de finales del siglo XII, son dos ejemplos de evolución de fórmulas mágicas, una pagana y otra cristianizada. Éste último proporciona una curiosa colección de recetas mágicas y oraciones supersticiosas, de monjes imprudentes los cuales transmitieron a la posteridad el Arte prohibido. La receta de Catón el viejo, aparece enriquecida de elementos cristianos tales como el signo de la cruz y de inscripciones cristográficas (los términos están separados por pequeñas cruces.) El ceremonial de la operación permaneció invariable, con la excepción del material de la barra. Siglos más tarde, la misma receta aparece en varios textos, ello indica que la magia de la varita estaba vigente. Había también otro tipo de rito, el del cuchillo con mango de marfil. Tema que se presenta en el capítulo siguiente.

En el comentario de Servus sobre la Eneida, libro básico de la cultura clásica en la edad media, se encuentra la descripción de la secespita[4], cuchillo sagrado utilizado por Flamines, Vestal y otros sacerdotes que aparecen en el Servus. Gracias a los  monjes de Saint-Martial de Limoges, nos dejaron, que al parecer se ocupaban de trabajos no muy santos, un conjunto de varios fragmentos que describen el Arte prohibido en torno a la magia y adivinación. Es en el manuscrito 140 de Saint-Martial, actualmente 3713 del fondo Latino de la Biblioteca Nacional de París, datado en la segunda mitad del siglo XII. En él aparece nuestro cuchillo con mango de marfil como parte de los objetos de la nigromancia[5] del siglo XIII. En este mismo capítulo se atiende a diferentes tipos de Prácticas supersticiosas de adivinación acompañado de ejemplos manuscritos: lecanomancia[6]  de origen asirio-babilónico; onicomancia[7], práctica perteneciente a los judíos en la Europa medieval; catoptromancia,[8] de origen greco-egipcio y ejercido por un niño médium, ya que los niños son más sensibles a las cuestiones espirituales. La catoptromancia fue expandida por el mundo helénico y seguido por el latino; y más tarde, perpetuado en la magia bizantina, judía y árabe. Tampoco faltaba la piromancia[9], otro ritual de origen greco-egipcio. Para acabar, brinda dos recetas de un manuscrito hebreo de Munich publicadas por M. Delatte, Anécdota Atheniensia.[10] Estas recetas aportan: elementos de predicción más conocidos en el siglo XII, comidas que se servían a los espíritus, y un método que realizaban los griegos y los árabes llamado “la espalda del carnero” que equivaldría, en occidente, a la espatulomancia[11].

El autor del penúltimo capítulo, le complace ofrecernos un pequeño poema “goliard” de Bernhard Bischoff, transcrito en el f. 84 del manuscrito Latino 3236 A de la Biblioteca Nacional de París. Todo el artículo es un profundo análisis del poema. Es básicamente una sátira que crítica los abusos que reinan dentro de la iglesia, en particular la venalidad y la simonía. Denuncia la astucia de las personas de la iglesia para adquirir poder, honores y riquezas, la Curia Romana como objeto de escándalo por su venalidad y apetito del lucro, por último pero no menos importante, una mordaz crítica al Papa Inocencio III, al cual se dirige bajo el seudónimo de “Salomón”. Ello no es de extrañar, puesto que en varios manuscritos aparece Inocencio III nombrado con el apodo de Salomón III. ¿Por qué ataca contra el Papa? Muchos documentos dejan constancia de constantes reproches que recibía “Salomón III” por ser un mal pastor, un pastor mercenario que censuraba el evangelio y que además se mantenía impasible frente a la herejía cátara que invadía poco a poco la zona Lombarda. Otro aspecto que aborda es el de la ley. El poema pone de manifiesto la preponderancia de los juristas y sus leyes: “¡Ay de aquellos que son los sirvientes de las legislaciones del mundo y desprecian la lecciones desde el cielo!”(v.23)

El último capítulo bajo el título “L’écriture de Bernard Itier et son évolution” el lector descubre la figura de Bernanrd Itier, el encargado que estuvo durante más de un cuarto de siglo en la biblioteca de Saint-Martial. Nadie puede culparlo por haber seguido la costumbre de su época: cubriendo los márgenes blancos. El escriba medieval odia el vacío, de ahí Bernard llena con glosas dejando un testimonio increíble de una crónica de su monasterio, importantes  hechos de países vecinos y las noticias que le llegan. Las glosas de Bernard forman un conjunto de interesantes textos y anotaciones pintorescas de la rica cultura Limousina de finales del siglo XII y los veinticinco primeros años del siglo XIII. El capítulo final, es un estupendo artículo que informa parte de la biografía de Bernard Itier y su elenco cultural que ha dejado impreso en las glosas, también, es un gran testimonio para el estudio paleográfico, ya que se puede seguir la evolución de su escritura, desde sus inicios hasta finales del siglo XIII. Por eso, el artículo se cierra con un análisis paleográfico mediante seis muestras fragmentarias de la pluma del bibliotecario, extraído del manuscrito latino 3549, f.18, 148, 3231, f.121, 5943, f.70, 3237, f. III, 2770, F.179,de la Biblioteca Nacional de París.

En resumen, Marie Thérèse d’Alverny recopila una serie de artículos que se inician, a modo de introducción, con una aproximación a la edición de los textos medievales a través de las figuras del editor, copista y escriba. Además ofrece un exhaustivo análisis que abarca siete capítulos dedicados al teólogo y poeta Alain de Lille, atendiendo temas como principios de su teología, problemas de atribución de sus obras y un análisis de la obra apologética Contra paganos. Asimismo presenta una serie de peculiares testimonios relacionados con la teología: un fragmento que describe la secta herética de los Amaurice, un sermón profético escatológico, un manuscrito sobre el significado simbólico de las partes de la iglesia, un informe detallado de un astrónomo árabe traducido al latín; y un estudio sobre cómo veían los teólogos y filósofos de la edad media a las mujeres. Proporciona una sección que trata sobre las diversas prácticas del arte oculto y dos objetos mágicos famosos en la edad media: una varita mágica y un cuchillo de mango de marfil, ambos aparecen en un manuscrito del monasterio de San Martial de Limoges. También, en el mismo monasterio, nos da a conocer la figura de un bibliotecario del siglo XIII, Bernard Itier, quien tenía la costumbre de escribir comentarios reveladores de la situación histórica y cotidiana de su época. Para finalizar, una reveladora sátira religiosa contra el mismo papa Inocencio III.

A lo largo de cada artículo se explora de forma exhaustiva diferentes testimonios medievales que brindan al lector las costumbres y culturas de un pasado que resuenan en nuestros días.

 

 

 


 

[1] En cuanto a los escépticos se preguntan en qué medida la ambición de reconstruir un arquetipo es justificada o ilusoria. Sin embargo, las normas de ediciones críticas fueron establecidas por filólogos que consiguieron atribuir la autoría a obras, hoy en día, consideradas clásicas.

[2] Se sabe que en 1200, Alain era un personaje bien considerado en el Studium por una figura venerada tanto por el conde como por el obispo. En esta época es calificado como “magister” nada nos puede sacar de dudas que en esta época puede suponerse un monje cisterciense.

[3] Rigord-Guillaume le Breton, Gesta Pihilippi Augusti, ed. Delaborde, I, p. 230.

[4] Ed. Thilo-Hagen, I, p.513. Sobre la Secespita, cf.Daremberg-Saglio, IV, 1164; Pauly-Wissowa, II, N.R., 3, p. 973-974.  Sécespite o secespita es un objeto de culto que proviene de la Roma antigua. Es un tipo de cuchillo que los romanos utilizaban para matar a sus víctimas.

[5] RAE (2010): “Práctica supersticiosa que pretende adivinar el futuro invocando a los muertos.”

[6] RAE (2010): “Arte supersticioso de adivinar por el sonido que hacen las piedras preciosas u otros objetos al caer en una jofaina.”

[7] RAE (2010): “Práctica supersticiosa de adivinar el porvenir, particularmente de los niños, por medio del examen de los trazos o formas que les quedan señalados en las uñas, untadas previamente con aceite y hollín.”

[8] RAE (2010): “Arte supuesto de adivinar por medio del espejo”

[9] RAE (2010): “Adivinación supersticiosa por el color, chasquido y disposición de la llama.”

[10] Ed. por M.A. Dellatte, Anécdota Atheniensia, I, p, 584.

[11] RAE (2010): “Arte con que se intentaba adivinar por los huesos de los animales, y principalmente por la espaldilla.”

 

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